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«Sólo existe el fin negociado para esta cruel guerra»

El experto en resolución de conflictos, enviado especial de la ONU a los diálogos del Caguán en 1999 y posible facilitador del nuevo proceso que explora el presidente Santos, dice que es la mejor oportunidad para negociar que se haya presentado hasta ahora.

Jan Egeland ha asistido en procesos de paz en Sudán y asegura que, al menos en cuanto a desplazamiento, es comparable con el conflicto colombiano.  / Reuters
Jan Egeland ha asistido en procesos de paz en Sudán y asegura que, al menos en cuanto a desplazamiento, es comparable con el conflicto colombiano. / Reuters

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Su neutralidad, la potencial ayuda económica a países en conflicto y su credibilidad como garante de derechos humanos han hecho que Noruega sea considerado un centro para las negociaciones de paz en el mundo. El Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país reporta que está involucrado de una u otra forma en cerca de 20 procesos de paz y que ha seguido el conflicto colombiano desde mediados de los años 80. Esta semana se supo que en Oslo se instalará un próximo diálogo entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc.

Jan Egeland, uno de los más destacados especialistas en resolución de conflictos a nivel mundial y actual subdirector ejecutivo de Human Rights Watch, ha sido la cara de Noruega en muchos procesos de paz. Lleva más de 30 años participando en misiones humanitarias y de resolución de conflictos con la ONU, el gobierno noruego, la Cruz Roja y otras organizaciones. Fue clave en los intentos de negociación entre Israel y la Organización para la Liberación Palestina que llevaron al acuerdo de Oslo de 1993, y en el cese al fuego entre el gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Guatemalteca, en 1996. También ha asistido en negociaciones en Sudán, Uganda y la República Democrática del Congo, entre otros.

A Colombia vino por primera vez hacia 1976, cuando tenía 19 años. Trabajó en el Minuto de Dios, con el padre Rafael García Herreros, estuvo en Norte de Santander, en el Catatumbo. Desde entonces ha asistido a los intentos por conseguir la paz en el país. En 1999 llegó como asesor especial de Kofi Annan para asesorar al presidente Andrés Pastrana en las negociaciones con las Farc y el Eln. Ahora, cuando está por iniciarse un nuevo proceso de paz con la participación de Cuba, Venezuela y Noruega, su nombre vuelve a sonar con fuerza, aunque él dice en entrevista con El Espectador que hasta ahora no está involucrado.

¿Cuál fue el error en los diálogos del Caguán y qué debemos aprender del pasado para que este proceso de paz sea exitoso?
El error más grande fue que los dos bandos nunca se sentaron para una negociación seria que llevara a acuerdos concretos que paso a paso pudieran traer el fin del conflicto. Todo el contacto entre las partes fue usado en procesos de construcción de confianza y cooperación, lo cual es importante como un primer paso, pero después del “Eurotour” se debieron haber movido hacia negociaciones concretas. No había suficiente voluntad de las Farc para negociar en 1999-2002 y el Gobierno no organizó un marco de trabajo efectivo para esas negociaciones.

¿Qué sistema de negociación debería seguir el presidente Santos en esta oportunidad?
Debe haber una combinación de negociaciones, entre bambalinas, que preparen el progreso de las conversaciones más públicas, de las negociaciones directas. Es bueno usar facilitadores de otras naciones y reunirse en el extranjero, pero la vía más efectiva son las conversaciones cara a cara entre los líderes de ambos lados.

¿Qué condiciones deben establecerse antes del diálogo?
Que ambos bandos estén listos para negociar seriamente y traer el fin del conflicto armado, y que ambos envíen negociadores que tengan la autoridad para proponer un lenguaje en el cual hacer acuerdos.

En el último proceso de paz, Pastrana invitó a otros países a intervenir, sin criterios claros para la mediación. La acción internacional se enfocó en la guerra contra el narcotráfico, la intervención estadounidense fue enorme y la paz no llegó. ¿Cómo asegurar esta vez que la estrategia internacional sea exitosa?
El involucramiento de actores internacionales en el proceso de paz de hace diez años se limitó a algunos servicios de asesoría de parte nuestra en las Naciones Unidas y a un “grupo de amigos”, que consistía en un número de países interesados. Sería sabio limitar el número de países interesados y pedirles tareas concretas, como proponer planes de seguridad para la reintegración de combatientes, el manejo de la justicia en relación a pasadas violaciones de los derechos humanos, la disposición para acoger diálogos y expertos en asuntos civiles y militares.

La intervención estadounidense fue para muchos un sabotaje al proceso de paz…
Estados Unidos vio el proceso de paz y su asistencia a través del Plan Colombia como un esfuerzo para acabar con el cultivo de drogas. Eso los hizo tendenciosos e identificarse con la asistencia militar al Gobierno.

El Plan Colombia surgió durante las conversaciones en el Caguán. ¿Qué efectos tuvo esa estrategia?
El Plan Colombia no fue la razón por la cual las conversaciones fallaron o se rompieron. Ha habido un progreso en la seguridad general en Colombia, especialmente en las ciudades, y el cultivo de drogas está por debajo del pico de hace diez años, pero el Plan Colombia también prueba que no hay una solución militar para los 50 años de conflicto. Sólo existe el fin negociado para esta cruel guerra.

¿Por qué ha dicho antes que los colombianos no son capaces de solucionar el conflicto por sí mismos?
Creo que los colombianos van a ser capaces de terminar con el conflicto ahora, siempre y cuando empiecen a negociar un futuro común con seriedad.

Nuestros últimos dos presidentes disminuyeron la capacidad militar de las Farc y eliminaron a sus líderes más importantes. ¿Es este el momento para empezar un diálogo?
Este es la mejor oportunidad que se ha presentado hasta ahora, porque las Farc se dan cuenta de que no pueden ganar y tienen todos sus intereses amarrados a un fin negociado. El Gobierno también ve, después de 50 años de esfuerzos militares fallidos, que sólo habrá un fin negociado. Las Farc podrán continuar por décadas como una organización más pequeña y aún peligrosa si no hay proceso de paz.

¿Por qué la participación de Noruega es clave en el caso colombiano?
Noruega ha estado involucrada en muchos procesos de paz desde Guatemala, Israel y la Organización para la Liberación Palestina, Sri Lanka y Sudán. Pero sólo Colombia y los colombianos son quienes pueden hacer la paz.

¿Qué tan involucrado está usted en este proceso de paz?
No estoy involucrado ahora.

Usted ha trabajado en mediación de conflictos durante más de 30 años. ¿Cuáles han sido los más complicados?
Muchos han sido muy difíciles. Quizás el conflicto de Colombia y el palestino-israelí han sido los de mayor complejidad y los más extensos. Tiene que hacerse más que un esfuerzo interno en ambos lugares. La paz, al final, viene desde adentro.

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El apoyo internacional

Cuando el presidente, Juan Manuel Santos, confirmó los acercamientos para entablar diálogos de paz con las Farc, la comunidad internacional salió a respaldarlo. La jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, aplaudió el anuncio y se mostró confiada en que los diálogos marquen “el principio del fin” del conflicto armado en Colombia. El secretario general de la OEA ofreció el apoyo de la organización “en toda instancia que signifique avanzar en la pacificación que tanto anhelamos de la sociedad colombiana”, al igual que la CAN y la ONU. Estados Unidos, por su parte, dio la bienvenida a los esfuerzos para acabar con el conflicto y los países de la región, como Brasil, auguraron que el anunciado diálogo llevará la plena paz a Suramérica.

“Estados Unidos siempre ha sido un firme aliado del gobierno colombiano y de su pueblo durante su sufrimiento por el conflicto”.

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