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El terrorismo: ¿prioridades equivocadas?

Juan Carlos Botero
12 de septiembre de 2013 – 05:18 p. m.

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Cuando una potencia mundial como EE.UU.

se equivoca, a menudo el impacto mundial es inmenso y lleva a que otros países se equivoquen de manera idéntica. Por ejemplo, debido a un error en sus prioridades, los recursos, la atención, la energía y el tiempo se han invertido en lo menos importante, mientras que lo más valioso ha quedado relegado a un segundo plano. Y la prueba más clara de esto es la lucha contra el terrorismo.

Desde hace 12 años exactos, la agenda política de EE.UU. gira en torno a ese tema cardinal. Y no sólo la de EE.UU. La persecución al grupo terrorista Al Qaeda y su atomización en células locales y letales, trasladó el campo de batalla a otros países, y de ahí los ataques en Londres, Madrid, Mumbai, etc. EE.UU., desde luego, también ha vuelto a sufrir el terror, y no sólo en Boston. Desde el 9/11 se han atajado, gracias a la inteligencia, al empeño policial y en más de una ocasión a la simple buena suerte, 16 atentados de escala colosal en Nueva York.

Por todo eso, ni ese país ni los demás deben bajar la guardia en su lucha contra el terror. Pero en EE.UU. ese tema ha desplazado otros más importantes, y eso refleja un grave error de prioridades. Las víctimas que hoy genera el terrorismo no tienen relación con la atención que recibe el tema. Desde el 9/11 se han invertido 8 trillones de dólares para combatir el terrorismo, se han creado docenas de agencias nuevas junto con una inmensa burocracia; sin embargo, en promedio hoy mueren 23 americanos al año a causa del terrorismo, y eso es menos que la gente que muere cada año aplastada por una nevera, o la que fallece al caerse de la cama”.

Entre tanto, hay otro tipo de terrorismo que no recibe la misma atención, energía o recursos, y en cambio mata a más de 30 mil ciudadanos por año: la muerte violenta con armas de fuego. Después de la masacre de 20 niños y seis adultos en la escuela de Sandy Hook, se creyó que esa tragedia cambiaría la agenda nacional. Se anunciaron medidas, confiscación de armas, leyes para impedir que cualquiera pueda acceder a un arma de asalto, incluso por internet. Nada de eso pasó. Los republicanos hundieron todas esas iniciativas y la falta de liderazgo de Obama se los permitió. La gente recuerda dos o tres masacres en EE.UU. al año, cuando en realidad ocurren más de 20. Es decir, son 1.300 veces más las víctimas que mueren en manos de ciudadanos armados que por la acción terrorista. No obstante, para semejante tragedia monumental (y que es otra forma de terrorismo) no se invierte el mismo interés o dinero que recibe el terrorismo internacional. Es una miopía suicida.

Por desgracia, algo similar sucede en Colombia. Mientras se negocia la paz con las Farc en La Habana (y esa es, sin duda, una tarea necesaria y urgente), se descuida la violencia que nace de la delincuencia común. Y mientras que las muertes que producen la guerrilla, el narcotráfico y los herederos del paramilitarismo juntos ascienden al 20 por ciento del total, la delincuencia común, relacionada con la pobreza y la desigualdad social, genera alrededor del 80 por ciento de las muertes violentas en Colombia. Sin embargo, ¿cuándo fue la última vez que ese tipo de violencia mereció un discurso presidencial o un titular de prensa? Aquí también tenemos las prioridades equivocadas.

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