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Yo estuve en… La Cumbre del Clima

Por primera vez, en París, los países del mundo se unieron para combatir en un mismo frente el cambio climático.

27 de diciembre de 2015 – 12:52 p. m.

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La París que me tocó vivir a principios de este mes fue diferente de la ciudad llena de cafés, museos, diseñadores, vinos y excelente comida. Era una París que acababa de pasar por el peor atentado terrorista de su historia y que tenía la presión de recibir a más de 140 jefes de Estado. Una París que pretendía dejar atrás los errores cometidos en Copenhague y buscaba darle a la historia un nuevo acuerdo climático.

Antes de viajar me formulé muchas preguntas que se aumentaban cuando estaba acompañado de funcionarios del Ministerio de Ambiente y de los cuales me sentía responsable. Pero ni los acontecimientos de París ni las preocupaciones previas al viaje fueron impedimento para iniciar este inolvidable momento que empezó con el respaldo del presidente de la República, el ministro de Ambiente y la canciller.

Al llegar me encontré con una París que no sentía miedo y que brindaba la energía necesaria para iniciar la maratón que buscaba el acuerdo mundial para evitar el aumento de la temperatura en 2°C.

El sitio donde se realizó la Cumbre de Cambio Climático fue Le Bourget, a las afueras de la ciudad. Era un centro de convenciones con un par de cafés –todos de la misma franquicia–. No había museos, ni vinos, ni diseñadores. Solamente estrategias.

Una manzana de cadena de supermercado como obsequio nos dio la bienvenida a Le Bourge. Un par de pasos más adelante los controles de seguridad obligatorios (para poder ingresar líquidos era necesario tomar un par de grandes sorbos). En camino al punto de encuentro, otro obsequio: una barra de chocolate para tener energía para el largo día que, sumada a la que mi esposa enviaba desde Bogotá, eran la fuente de almacenamiento que ni siquiera Tesla ha inventado. Los últimos pasos antes de la primera reunión eran en dirección a la panadería, donde una tasa de chocolate caliente, un par de panes y la manzana de la entrada constituían el desayuno.

El centro de convenciones estaba dividido en seis pabellones, cinco de ellos de acceso libre a los previamente inscritos. El sexto era únicamente para los delegados de los países y donde se realizaban las negociaciones del nuevo acuerdo.

A las 8:00 a.m. comenzaba la primera reunión del día. Era corta, pero concreta. Se hacía un balance del día anterior, se planteaban los retos del día y los temas a considerar. Después cada miembro de la delegación tenía muy claro su papel, su posición y salón.

Durante el transcurso del día las cosas podían cambiar. Nuevas reuniones eran agendadas, había cambios de salones y encuentros de grupos de trabajo para gestionar el texto y proponer nuevas versiones, o simplemente para seguir negociando lo previamente negociado. Entre reunión y reunión era necesario realizar presentaciones, en foros y talleres, donde Colombia era un invitado especial que presentaba los avances que ha alcanzado en mitigación, adaptación, ciencia y tecnología o educación. Igualmente, había que coordinar y atender los eventos en donde Colombia era anfitrión o en donde se anunciaban apoyos internacionales para reducir las emisiones de gases efecto invernadero, como el de Alemania, Noruega y Reino Unido para frenar de deforestación en la Amazonia y la mitigación para la refrigeración doméstica, la mayor cooperación económica que hemos tenido en temas ambientales.

Esta rutina nos iría sumergiendo poco a poco en un estado difícil de describir, pero donde la mezcla del cansancio, motivación y esperanza formaban un conjunto de sentimientos que salían a flote con la entrega del nuevo texto del acuerdo. Esa era la verdadera energía del día.

Mientras transcurrían los días, parecía que nos olvidábamos de que estábamos cada vez más cerca de lograr un hito histórico. No cabe duda de que el de París será un momento único. Se logró un acuerdo vinculante, con visión de largo plazo, con un balance entre la adaptación y la mitigación, con recursos para desarrollar la implementación, con la inclusión de bosques y con la posibilidad de mercados. Muchas de estas consideraciones que fueron propuestas por Colombia y el grupo de negociación al cual pertenece.

Por eso no es descabellado decir que la participación colombiana fue trascendental. Era una verdadera selección con un profesionalismo y dedicación sin igual.

* Director de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente.

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