
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La semana de cinco días en la oficina podría ser un rezago de la vida antes del COVID-19, así lo indica un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) realizado con trabajadores y gerentes de 25 países. La mayoría de los encuestados respondió que no espera, ni quiere, regresar a la presencialidad 100 %, aunque tampoco ven un futuro totalmente remoto.
Además de estos deseos y proyecciones, la OCDE encontró que, tanto trabajadores, como gerentes y administradores, han encontrado que el trabajo remoto (hasta cierta medida) estimula crecimientos en productividad y creatividad, y puede representar ahorros para las empresas en términos de tenencia de espacios físicos de trabajo.
Claro, estos resultados no operan como verdad revelada, por lo que aún hay preguntas acerca de cuál es la medida justa de teletrabajo y presencialidad: encontrar ese balance depende, como también lo aseguran los autores de la OCDE, de en qué sector de la economía opera y qué hace cada empresa.
Despachando esta cuestión, que resulta apenas obvia, la pregunta de fondo alrededor del futuro de las oficinas es ¿a qué regresaríamos a ellas?
Uno de los grandes mantras que guía el funcionamiento actual de las compañías es que el contacto humano es sinónimo directo de creatividad e innovación: la presencialidad es un requisito para producir más y mejor, de cierta forma.
También le puede interesar: ¿Qué modelo laboral deben adoptar las empresas en la pospandemia?
La popularidad de este lema tiene que ver, en parte, con la forma en la que la concentración del trabajo fue generando el modelo de vida alrededor de las oficinas y de una jornada laboral centrada en una única locación.
Si bien no hay un veredicto único y definitivo en este caso, cada vez más académicos y estudios tienden a no encontrar un vínculo entre presencialidad y creatividad, entre el contacto aleatorio en una oficina y un mejor desempeño laboral. Incluso, un cuerpo creciente de evidencia señala que las oficinas abiertas tienden a ir en contra de la productividad y fomentan el aislamiento mediante el uso de audífonos u otros mecanismos para, por favor, lograr algo de calma y concentración.
Ahora bien, el análisis que hace la OCDE sí incluye asuntos como la colaboración en persona y el flujo de ideas como dos de las ventajas de la presencialidad laboral.
La multitud de visiones alrededor de este tema las ejemplifican algunas de las decisiones que están tomando compañías como Twitter, que anunció que su fuerza de trabajo seguirá operando de forma remota, si así lo desea. A la vez, el CEO de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, aseguró que trabajar virtualmente no se acomoda a la cultura de la compañía. La cabeza de Goldman Sachs, David Solomon, llamó al trabajo remoto una “aberración”.
Google, por otro lado, permitirá un modelo de trabajo híbrido: conéctese desde donde quiera, pero venga a la oficina un par de días a la semana.
El ejemplo de Google es interesante porque va en línea de lo que desean los trabajadores y los administradores encuestados por la OCDE. En ambos grupos, se encontró que la medida ideal de teletrabajo está entre dos y tres días a la semana. En otras palabras, ir a la oficina un par de días (como mucho) puede resultar no sólo deseable, sino hasta placentero (en términos laborales, claro).
Puede leer: Así quedó el calendario tributario para 2022: conozca las fechas
Los dos renglones de encuestados por la OCDE aseguraron que los beneficios más tangibles de un modelo híbrido incluyen aumentos en la productividad, así como baja en los costos de todo tipo (monetarios y de tiempo, principalmente).
Pero a la vez aseguraron, casi a la par, que aún hay retos grandes para alcanzar una suerte de Nirvana de teletrabajo. Dos de los principales obstáculos son la falta de herramientas adecuadas para el trabajo remoto y la necesidad de desarrollar mejores habilidades suaves para incentivar la comunicación en la virtualidad.
Ambos son puntos atractivos porque llaman la atención sobre, por un lado, adecuaciones tecnológicas que deben hacer las empresas para integrar al personal que esté en la oficina con el que no. Se hace referencia a software y equipos para integrar mejor ambas versiones del trabajo moderno que van más allá de entregar un equipo portátil, por ejemplo, y pasan por asuntos como equipos de videoconferencia, mejor soporte técnico (con mayor disponibilidad de horarios) y herramientas para colaboración en línea (mejores soluciones de almacenamiento y trabajo en la nube, por ejemplo).
Y, por el otro lado, también hay que hacer una cierta inversión (monetaria-colectiva y emocional-individual) para lograr una mejor adaptación a comunicarse en la distancia: no todo tiene que ser una reunión virtual, también puede ser un correo o una nota de voz; así mismo, una llamada puede solucionar más rápido un problema que 300 mensajes de WhatsApp.
Ahora bien, el estudio también señala un efecto algo más macro, que no deja de ser interesante: “En el largo plazo, una menor densidad de actividad económica en un área geográfica puede reducir los beneficios por aglomeración que aparecen en una zona determinada, así como impactar negativamente el desempeño de las firmas en una región específica”.
De cierta forma, lo que los autores del estudio están diciendo es que, si viviéramos en un mundo de trabajo remoto por completo, cosas como Silicon Valley quizá no habrían emergido o lo habrían hecho en periodos más extensos o con menor intensidad. En el caso de este ejemplo, ciertamente era muy conveniente en 1976 que en un garaje estuviera naciendo Apple cuando en otro ya lo había hecho Hewlett Packard unos años antes a unos cuantos kilómetros de distancia.
Esta suerte de innovación regional, argumentan los autores de la OCDE, podría verse interrumpida de alguna manera por un modelo masivo de teletrabajo cinco días a la semana. La deslocalización del trabajo, de fondo, podría borrar el concepto de hubs de producción, por ejemplo.
Los resultados del estudio de la OCDE contrastan con los presentados este jueves por el DANE a través de su encuesta Pulso Social. La entidad preguntó a los participantes nacionales “¿con qué frecuencia quisiera trabajar remotamente después de la pandemia?”. A esto, 58,5 % de los jefes de hogar en Colombia respondieron que nunca (en total para las principales 23 ciudades del país y sus áreas metropolitanas).
La segunda respuesta más popular a esta pregunta, sin embargo, fue del grupo de jefes de hogar que quisiera teletrabajar cinco o más días por semana (13,8 % en total de las 23 ciudades).
Esto no deja de ser interesante, pues las dos posturas más encontradas son de rechazo total al trabajo remoto de cara al futuro (por una abrumadora mayoría, claro está) o de adopción por completo del modelo. Las opciones en la mitad (uno, dos o tres días por semana) no pasan del 7 %, cuando mucho.
En contraste con estos hallazgos locales, la encuesta de la OCDE asegura que, hacia el futuro, el modelo híbrido de trabajo parece ser el campeón entre trabajadores y gerentes de los 25 países participantes en la muestra.
Lo cierto es que, más allá de las nostalgias o la rigidez mental de algunos jefes, el trabajo remoto es gran parte de la ecuación sobre el futuro del trabajo. No hay una bala de plata para resolver este asunto y, definitivamente, una talla no les sirve a todos. Pero si algo ha dejado claro la pandemia es que el bienestar humano es lo más importante en esta ecuación y debe ser la consideración primordial a la hora de plantear qué tanto vamos dejando de lado las oficinas.