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Con el mayor de los respetos quiero expresar mi opinión y hacer algunos comentarios sobre la nota titulada “¿Cuál sería el impacto de ampliar el IVA en la canasta familiar?”.
He venido viendo el mismo análisis sesgado en algunas de las últimas notas de Redacción Economía, solo mostrando una cara de la moneda. Quiero ejemplificar algunos puntos del artículo para demostrar la escasa labor periodística de investigar y contrastar información. Para cualquier lector puede haber realidades allí que realmente no son tales.
1. En el artículo dicen: “Las poblaciones consideradas en situación de pobreza o de vulnerabilidad gastan 22 y 21 %, respectivamente, en alimentos, por ejemplo. Esta proporción de gasto es de 14,6 % para la clase media y de 7,5 % para el renglón de ingresos altos”. Esto puede ser cierto, pero solo están usando una parte de la información; es muy diferente gastar el 22 % de $500.000 a gastar el 7,5 % de $12’000.000. La cifra importante y sobre la cual esperaría que hubiera contraste o por lo menos visualización de la información sería realmente cuánta es la inversión en este tipo de productos por parte de las clases bajas y las clases altas. Un estudio citado por Dinero en 2016 mencionaba que por cada $1 invertido en bienes de la canasta familiar de estratos bajos se invierten $7 en estratos altos; solo para ilustrarlo, por cada huevo que se compra en estratos bajos se compran siete en estratos altos. Con esto claramente la política de no IVA a la canasta familiar también se encarga de subsidiar a los estratos altos. Por lo menos para el debate, valdría la pena consultar esta información.
2. En el artículo también mencionan que “los académicos proponen que para los hogares en pobreza o vulnerabilidad no se grave la canasta básica, así como tampoco para los rangos de ingresos bajos de la clase media. Según los expertos, hacer eso podría impulsar una reducción en el coeficiente Gini (que mide la desigualdad de un país) de 0.5438 a 0.5166”. Esta sería la mejor medida de todas y efectivamente ayudaría a reducir la desigualdad. Lo que ocurre es que en todos los estudios que he leído siempre mencionan que “no gravar” a un porcentaje de la población es administrativamente casi imposible, es muy difícil controlar que solo haya excepción para ciertas personas, que se logre cambiar los sistemas en las tiendas. Con un poquito de análisis se entendería que ejecutar esto no es posible. En una nota de Redacción Economía de El Espectador esperaría que indagaran un poco el tema, que contrastaran o que por lo menos dejaran el comentario propio sobre esta estrategia, porque cualquiera que lee este artículo, así como está, simplemente va a pensar que esa es la solución y que la deberían implementar ya.
Está bien que las personas de Redacción Economía tengan su posición sobre lo que debe ser una reforma tributaria, pero creo que al estar en un medio tan importante debería haber un poco más de análisis, de contrastación de la información y además mostrar otros puntos de vista que cuestionen a las personas que se citan.
Julián Becerra Naranjo
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