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Les quedó grande el ejercicio de la autoridad a nuestras mal llamadas “autoridades”.
¿De cuándo acá cualquier grupito, sin interesar su nombre o su “motivo”, se adueña de las vías de cualquier parte del país, incluida Bogotá, y priva del derecho a movilizarse y abastecerse a millones de personas y secuestra a pueblos y comunidades enteras? Igual pasa con los tales bloqueos a Transmilenio, que los hace cualquiera cuando le da la gana, sin interesar la razón.
Mientras tanto, la Policía y el Ejército mirando, sin órdenes de actuar, dada la pusilanimidad de sus comandantes. Sólo chácharas infinitas en los amarillistas noticieros de TV y radio, que se dedican a abrirles los micrófonos a revoltosos y terroristas.
Si nuestros generales, ministros, presidente y demás, se dedicaran más a ejercer la autoridad, favoreciendo los derechos de las inmensas mayorías silenciosas que no son revoltosas y sin “protagonismo”, en lugar de hacer “llamados” y hacer anuncios, el rumbo sería otro.
Mi general Palomino, a quien tanto le gusta quemar pantalla, debería hablar menos y actuar más.
Y ni hablemos del señor presidente.
La autoridad es para ejercerla y el Gobierno para gobernar. Lo demás es anarquía posando de “democracia”.
Jaime Alejandro Triviño.
Bogotá
Eln
Sin puesta en escena ni espectáculo, como nos tienen acostumbrados en Colombia cada vez que rescatan un secuestrado, fue liberado por el Eln el geólogo canadiense Gernot Wober, quien llevaba seis meses cautivo. ¿Qué hacía Wober husmeando en nuestras minas colombianas? El Gobierno debería sentar un precedente: persona nacional o extranjera que se haga secuestrar de cualquier guerrilla, que asuma el costo de su rescate, porque esto se paga con nuestros impuestos. Es el caso específico del soldado gringo Kevin Scott, quien aún está secuestrado por las Farc. El niño, quería vivir la experiencia, pues estando advertido del peligro por las autoridades colombianas, osó y desoyó a éstas, para posar de mártir. Dejen de desafiar a este país, estamos hartos de sumar muertos, estamos hartos de extranjeros que vienen con la excusa de ‘aportar’, para movilizar nuestras fuerzas en solucionar problemas buscados por ellos mismos.
Ahora el canadiense es un héroe y Colombia un país de cafres.
Helena Manrique. Bogotá.
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