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Torre de Tokio: Colombia temática

Columna para acercar a los colombianos a la cultura japonesa.

Parque España en Tokio.
Parque España en Tokio.
Foto: Tomada de Wikipedia/Yanajin33

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Un representante de la Federación Nacional de Cafeteros en Tokio, que siguiendo un camino ya habitual sería nombrado embajador de Colombia en esta capital, me contó que a finales de los años ochenta nuestro país perdió la oportunidad de tener un enorme parque temático en Japón al desdeñar una propuesta de la empresa de ferrocarriles Kintetsu. (Recomendamos que lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

En ese entonces, a los inversores japoneses les sobraba capital para convertir en realidad muchas de las premoniciones de Alvin Toffler en su célebre libro de 1970 El shock del futuro, y reproducían a escala célebres trozos de países distantes para que sus paisanos experimentaran el extranjero sin necesidad de pasaporte.

En las prefecturas de todo Japón brotaban como setas réplicas de castillos, avenidas, museos y monumentos donde los visitantes caminaban, comían, compraban recuerdos y se tomaban fotos como si estuvieran en Ámsterdam, San Petersburgo o Estambul.

A menudo contrataban a especialistas norteamericanos de Disney para diseñar aquellos países sucedáneos en colores sobresaturados y los poblaban con actores o muñecos disfrazados con versiones caricaturizadas de trajes folclóricos.

Era fácil imaginar una Colombia artificial de haciendas cafeteras y calles coloniales con comparsas de silleteros paisas, marimondas barranquilleras y acordeonistas vallenatos alegrando las colas que se formarían para ver las réplicas del Museo del Oro expuestas dentro de una copia enana del Santuario de Las Lajas.

Con el fin de facilitar una serie de exigencias legales, y aumentar el atractivo para los inversores, los ejecutivos de Kintetsu, según mi fuente, pedían a Colombia la bendición oficial y un aporte simbólico que, creo recordar, ascendía a unos US$10 mil de aquel entonces. Pero en Bogotá la propuesta japonesa solo logró suscitar incredulidad e indiferencia.

España aceptó cerrar el trato y en 1994 se inauguró Parque España en la prefectura de Mie, a pocos kilómetros del Santuario de Ise, la meca de la religión sintoísta de Japón. Aunque en las décadas siguientes el interés decayó y muchos de aquellos mundos artificiales cerraron, Parque España sigue siendo, en más de 100 hectáreas de extensión, el mejor homenaje a la cultura ibérica en esta parte del mundo y una vitrina permanente para las regiones y productos españoles.

Como mi fuente se fue de Japón y dejó de responder a mis correos, nunca supe si la negativa colombiana tuvo su origen en la miopía administrativa, en algún mensaje traspapelado y olvidado, o en la percepción generalizada entre hombres de negocios y funcionarios latinoamericanos que he conocido en Japón, de que dinero gastado en cultura es dinero desaprovechado.

Hoy, cuando veo carteles de Parque España, o paso por la zona, mi corazón se pone en modo bolero y pienso en lo que pudo ser y no fue.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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