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Quienes queremos una mejora sensible y cierta en nuestro fútbol, debemos intentar corregir los errores enormes que se palpan jornada a jornada.
Existen buenas condiciones para funcionar, si consideramos los enormes ingresos a Dimayor por conceptos como televisión y patrocinios de la gaseosa. Esto sin contar las abusivas multas a jugadores y equipos que sirven para engrosar bolsillos, sin que se revierta nada al fútbol mismo.
La Dimayor está limitada a confeccionar un calendario, no alterar el sistema del campeonato, estar pendiente de la comisión disciplinaria y sus sanciones, ignorar la situación de equipos como el Pereira y otros, ignorar lo que pasa con la violencia en cada partido y dejar en manos de la fuerza pública el control a los actos de vandalismo, sin siquiera proponer en las famosas asambleas mecanismos diferentes a castigar la plaza y jugar a puerta cerrada.
Nadie piensa en el futuro del campeonato, sino en el día a día. Cuando quede en firme la ley del futbolista, entonces quizás se apersonen a explicar a los inexpertos directivos como es el manejo del fútbol. Porque hoy en día, el afán de los dueños de equipos es vender jugadores y ni siquiera esculcan las razones por las cuales el público se aleja de los estadios.
La violencia es un factor importante y más que la televisación de juegos, es el sancocho que arma cada semana la Dimayor con cambios de horarios y de fechas.
El costo de la televisación es un tema a revisar. La producción es un gasto enorme y nadie, porque algunos particulares se benefician, quiere averiguar como lograr que lleguen mayores auxilios a los equipos. Los patrocinadores resultan ahora mejores que los jugadores y ni hablar de los empresarios que rondan, buscando lucrarse con los traspasos. Los empresarios, como buenos vendedores que son, resultan mejores que sus representados. Ojalá alguien lidere un buen examen y a fondo de lo que pasa en un fútbol, donde ver tribunas vacías deprime.
Pasando al asunto del campeonato, el Nacional de hoy, hace recordar el Tolima de la década de 80, cuando Ricardo de León, comenzó a jugar algo bien diferente al común de los equipos de ese entonces. Hoy la mayoría no logra estabilizar formaciones de alto rendimiento.