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Díaz Eterovic, bendito entre los mejores


La sala de espera del consultorio está llena de viejitos. Seis o siete. Más mi amiga Isabel Barragán y yo. Una cucha renguea hacia la enfermera. Señorita, por favor, ¿me da la clave del guaifai? Me quedo boquiabierto y con las órdenes de la colonoscopia en las manos. Isabel sonríe con marrulla y sigue leyendo como si nada.

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