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Arabia Saudí encontró una manera de garantizar su sostenibilidad económica sin violar su interpretación ultraconservadora de la ley islámica (la sharia): creará ciudades industriales para que las mujeres, que tienen prohibido trabajar en el mismo recinto que los hombres, puedan laborar y contribuir al desarrollo del país.
El proyecto será realizado por la Autoridad Saudí de la Propiedad Industrial (Modon), en la provincia de Hofuf, contará con una inversión de 100 millones de euros y estará listo en 2013. Creará cerca de cinco mil empleos en los sectores textil, farmacéutico y alimentario. Será la primera de otras tres ciudades sólo para trabajadoras saudíes.
A primera vista, algunos considerarían el proyecto como un paso hacia la protección de los derechos de las mujeres, tan oprimidos por la monarquía absolutista del Golfo. Sin embargo, Ignacio Gutiérrez de Terán, especialista en mundo árabe de la Fundación Euroárabe, le explicó a El Espectador que se trata más bien de una radicalización extrema de la segregación de los sexos que va más allá del islam.
“Según esta religión, no hay inconveniente en que las mujeres trabajen en el mismo recinto de los hombres si hay división entre ambos, pero en Arabia Saudí impera la doctrina wahabi, que es más estricta en este apartado. No hay que confundir la sharia, que es estricta, con la interpretación aún más radical de Arabia Saudí”, dice Terán.
Entre las naciones musulmanas, Arabia Saudí tiene la normatividad más radical inspirada en la sharia. En el país ya existía la segregación en colegios, universidades, restaurantes y edificios públicos. Las mujeres no pueden trabajar, estudiar, viajar o conducir sin el permiso de un varón.
Los extremos a los que llega la monarquía hacen que, según Terán, incurra en una violación sistemática de los derechos humanos, sobre todo los referentes a la igualdad y libertad. Christopher Wilcke, oficial de Human Rights Watch en conversación con este diario, añade que Arabia Saudí debe desmantelar urgentemente las barreras contra el trabajo de mujeres , incluyendo la segregación de género, las restricciones que les impiden manejar, los sistemas precarios de transporte para ellas y el sistema de hombres guardianes que toman las decisiones por ellas.
En estos tiempos de revoluciones árabes, decenas de mujeres han conducido vehículos, utilizando redes sociales para promocionar su desafío y presionar un cambio en la ley. Es poco lo que han logrado, salvo ser castigadas.
Las saudíes constituyen apenas el 15% de la fuerza de trabajo del país. Debido a las restricciones para el trabajo femenino, muchos extranjeros van a laborar a la potencia petrolera. Uno de los propósitos del proyecto de Modon es reemplazar esa mano de obra extranjera con las trabajadoras locales.
Homa Khaleeli, periodista de The Guardian, indica que si bien el proyecto pretende impulsar la economía, también fortalece la discriminación: “¿Cómo se verían estas ciudades si fueran para individuos de una raza específica en vez de un género?”. Cualquier parecido con el apartheid en Sudáfrica no es pura coincidencia.
Khaleeli añade que la construcción de estas ciudades tiene a las saudíes ante una encrucijada: si el proyecto falla, serán consideradas incapaces. Si funciona, se construirán más ciudades de este tipo y las mujeres van a estar “más segregadas que nunca —incluso hasta desaparecer de la esfera pública—”.
En medio de la férrea discriminación, el rey Abdullah bin Abdelaziz ha impulsado pequeños avances en pro de las mujeres: permitió su inclusión en el Consejo Consultivo y les permitió votar y ser candidatas en las elecciones municipales de 2015. Este año, las saudíes participaron por primera vez en los Juegos Olímpicos; llegaron ovacionadas como heroínas a Londres, mientras los sectores radicales de su país las tildaban como las “prostitutas de los Olímpicos”.