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Siempre en la mente

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A Elvis Presley varias personas le dijeron que no. Su profesora de música le hizo pasar uno de los mayores ridículos cuando lo llamó al tablero para asignarle una nota numérica a su afinación.

En ese entonces cantó, lo hizo tal y como estaba acostumbrado a hacerlo delante de sus padres en su humilde residencia, primero en Mississippi y luego en Memphis. Ese día olvidó que sus familiares lo veían con el rigor del hijo único, del consentido, a quien era casi una obligación aplaudirle sus actitudes artísticas. La maestra, cuya formación era académica y tal vez esperaba alguna expresión cercana al canto lírico, lo criticó desde la primera nota hasta que regresó a su pupitre. Ese fue su primer tropiezo con la realidad del no.

El segundo fue un poco menos doloroso porque ya Presley había superado la adolescencia y estaba curtido de ver en el espejo sus movimientos considerados arrítmicos. El joven, que portaba su peinado estilo tupé, con la gran diferencia de que nadie lo conocía en la calle, reunió sus ahorros y pagó un par de horas en un estudio de grabación para hacer el registro oficial de dos de las canciones que conocía a la perfección. La persona que se encargó de consignar el material en una de las cintas de carrete abierto se tapó los oídos, y tan pronto recibió el pago por el alquiler de la cabina y los micrófonos le dijo que con esa voz y esa forma de cantar no llegaría a ninguna parte.

Elvis Presley, apenado y apocado como muy pocas veces se le vio, dijo que ese remedo de disco era para su mamá, una mujer luchadora y optimista que siempre había tenido el sueño de mostrarles a sus vecinas una grabación profesional de su hijo. Así como superó la primera negativa, también dejó atrás la segunda, la tercera y todas los que vinieron. Incluso se escudó en la música para completar la caricatura que los demás veían en él. Por eso, en una de sus primeras apariciones formales en televisión potencializó su peinado de tupé, se vistió con prendas anchas para exagerar su llamativa expresión corporal.

Pero eso no fue todo, para hacer más efectivas las burlas y dar a entender que tenía una coraza en lugar de piel, en una ocasión se subió a la tarima acompañado únicamente por una guitarra de niño. La tocó sin complejos, pero también cantó, sudó, bailó y, sobre todo, se hizo único. A partir de ese momento, su estilo caricaturesco fue un sello. Presley murió el 16 de agosto de 1977, hace 36 años, y su figura sigue presente y su voz es más emblemática que nunca. ¿Quién se atreve a decir que no?

* Juan Carlos Piedrahíta

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