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Es difícil encontrar en el planeta actores más indicados que las grandes empresas, para articular cabalmente la relación de lo global con lo local.
Quizás por eso, desde el año 2000, el secretario general de la ONU propuso la creación de un “Pacto Global” dentro de un marco de acción dirigido a propiciar la legitimación social de los negocios. El Pacto se estructuró en torno a diez principios universalmente aceptados, que se mueven dentro de cuatro áreas temáticas: Los derechos humanos, los estándares laborales, el medio ambiente y la ética pública.
Los miembros del Pacto no son los estados sino las empresas. Acostumbradas a manejar sus relaciones fundamentalmente con las autoridades nacionales, ahora deben mantener fluida interlocución con las autoridades locales y la sociedad civil. El mundo actual vive un cambio de época, cuyas posibilidades son inmensas si se comparten conocimientos o experiencias y se trabaja en función de acuerdos sobre mínimos. Eso supone construir espacios de participación, articulación interinstitucional y diálogo social.
El próximo 22 de agosto el Centro Regional para América Latina con sede en Bogotá, dirigido por Diana Chaves, presentará una guía del Pacto Global para los gobiernos locales. En Colombia hace mucha falta trabajar en la articulación de los actores sociales para enfrentar múltiples, complejas y crecientes dificultades, como las que registran los territorios objeto de grandes inversiones en materia de explotación minero energética.
Nuestro mundo tiene un rostro “glocal” que se asoma en la relación de las empresas globales y los gobiernos locales. En Europa, a finales del siglo pasado, las ciudades atrajeron inversión extranjera para generar empleo y en los Estados Unidos pusieron en marcha proyectos que combinaban crecimiento económico y desarrollo territorial. En América ibérica impulsaron procesos de democratización política, descentralización y autonomía municipal. En Colombia el municipio sigue siendo la entidad fundamental del Estado, a pesar del exacerbado centralismo que agobia al país.
Sin embargo la promoción global de las potencialidades locales, la cooperación público privada y la alianza entre gobiernos y empresas con sentido estratégico dejan mucho que desear aún. La misma promoción local interna, capaz de generar un cierto “patriotismo cívico”, con razones espirituales para la movilización social alrededor de propósitos comunes es una prioridad que, a menudo, los gobiernos locales desatienden y las empresas no asumen dentro de sus responsabilidades frente al contexto social.
Los problemas que se suscitan entre comunidades y empresas, se expresan localmente. Si los gobiernos locales miran hacia el mundo y las empresas globales hacia la provincia, terminan identificándose en el mismo lenguaje. Si, para ambos, los principios del Pacto Mundial se convierten en fuente de buenas prácticas, esa mutua relación será punto de encuentro entre gobiernos, empresas y comunidad. Así, la articulación aldea local-aldea universal será esperanzadora para todos y tendrá capacidad real para incidir positivamente en el desarrollo sostenible, la rentabilidad empresarial, la solidaridad social y el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos.
Ex senador, profesor universitario, atm@cidan.net