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Según ciertas teorías, estos animales mimados se han convertido en sustitutos de los niños humanos y contribuyen a la caída en picada de las tasas de natalidad.
“Los jóvenes no se quieren”, dijo en 2023 Kim Moon-Soo, entonces ministro de empleo y trabajo de Corea del Sur. “En lugar de eso, aman a sus perros y los llevan a todas partes, no se casan y no tienen hijos”. En 2022, el papa Francisco llamó “egoístas” a las personas que eligen mascotas en lugar de hijos, y advirtió que la falta de hijos contribuiría a un “invierno demográfico”.
No es difícil encontrar pruebas del cambio cultural. En Japón, un festival que honra los cumpleaños de los niños se ha sometido a una “renovación para volverlo apto para mascotas”, y ahora se permite que los perros también reciban bendiciones. En una celebración celebrada este año en Tokio, un santuario honró a 350 perros, muchos de ellos vestidos con kimonos muy ornamentados, y tan solo a 50 niños.
“La gente ha pasado de tener hijos a tener mascotas”, afirmó Miki Toguchi, de 51 años, que visitó hace poco el santuario con Kotora, su schnauzer miniatura. “Yo no tengo hijos, pero tengo un perro”.
Sin embargo, un nuevo artículo preliminar sugiere que la sabiduría convencional es errónea, al menos en Taiwán, donde la tasa de natalidad es una de las más bajas del mundo. Los investigadores descubrieron que, en lugar de sustituir a los hijos, los animales de compañía son más bien un peldaño en el camino hacia tenerlos.
Los autores del estudio eran conscientes del estereotipo. “Existía el chiste de que si vas al parque más grande de la ciudad de Taipéi y ves pasar una carriola, la probabilidad de que dentro haya una mascota, ya sea un perro o un gato, es mucho mayor que la de que haya un niño”, comentó Ming-Jen Lin, uno de los autores del estudio.
Para averiguar si los taiwaneses estaban sustituyendo a los bebés por cachorros en carriola, los investigadores recurrieron a los datos del gobierno sobre registros de mascotas y nacimientos, y rastrearon el momento y la correlación de estos acontecimientos de vida en millones de hogares.
Descubrieron que las mascotas no sustituían a los bebés, sino que los precedían. Los datos mostraban que las personas con animales de compañía, sobre todo perros, tenían más probabilidades de tener hijos que quienes no los tenían.
Para los investigadores, esto sugería claramente que las personas que se planteaban tener hijos querían probar primero con las mascotas, quizá como una forma menos arriesgada de averiguar si eran aptos para la paternidad.
“Todo parece indicar que mucha gente tiene perros para hacer la prueba”, señaló Kuan Ming Chen, uno de los autores del estudio. Si les va bien con un perro, entonces se sienten más seguros a la hora de comprometerse con la paternidad.
La conclusión no es que debamos regalar cachorros para aumentar la natalidad. Tampoco es que un artículo preliminar sobre un país demuestre que el mismo patrón se repetiría en otros lugares.
No obstante, el estudio debería hacer reflexionar a quienes se apresuran a culpar del descenso de la natalidad a decisiones individuales.
En realidad, el descenso de la natalidad tiene múltiples causas, muchas de ellas económicas. El costo efectivo de tener hijos ha aumentado de manera considerable a medida que lo ha hecho el nivel de vida. Al mismo tiempo, las normas de “paternidad intensiva” hacen que los padres de la mayoría de los países desarrollados dediquen ahora casi el doble de tiempo al cuidado de sus hijos que en la década de 1960. A medida que han mejorado las oportunidades económicas de las mujeres, lo que les ha facilitado mantenerse a sí mismas, ha disminuido la presión para casarse y tener hijos.
Estos enormes cambios sociales y económicos han aportado muchos beneficios. Pero también han tenido costos, entre ellos un efecto descendente en las tasas de natalidad. Encontrar soluciones puede ser difícil, pero no culpemos a los cachorros.
c.2025 The New York Times Company
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