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Evergrande es una de las principales firmas inmobiliarias en China y una de las compañías más grandes de su tipo en el planeta. Y, a la vez, es la empresa más endeudada en su país con casi US$300.000 millones en deudas.
Considerado durante mucho tiempo por los inversionistas como demasiado grande para quebrar, se ha convertido en el mayor blanco de la campaña del presidente chino Xi Jinping para controlar los conglomerados sobre endeudados del país y el mercado inmobiliario chino, que muestra señales de sobrecalentamiento. La situación de esta empresa fue una de las noticias económicas que marcó 2021, especialmente por lo que implica para los mercados globales.
Aunque la crisis se venía gestando desde hace tiempo, el punto de quiebre se vivió en septiembre con las protestas frente a las oficinas centrales (en Shenzen) por parte de dueños de viviendas, acreedores y sus propios empleados. La debacle de Evergrande tiene varias facetas y la deuda es sólo una de ellas, otra tiene que ver con el mercado inmobiliario.
Para septiembre se calculaba que la compañía no podría entregar a sus propietarios casi millón y medio de unidades de viviendas, lo que implicaba devastación para los dueños de esas casas que perderían sus ahorros, pero también un desequilibrio en la economía, teniendo en cuenta que un tercio de la riqueza en los hogares chinos está entrelazada con la vivienda (bien sea la tenencia o gasto en ella).
Un golpe de este tamaño al mercado inmobiliario genera temor, todavía más en medio de la recuperación económica a escala global, con un ingrediente extra: buena parte de las economías dependen de China y del apetito de sus industrias y consumidores para cosas tan diversas como compras de petróleo, soya o teléfonos de Apple.
Aunque los expertos creen que el impacto puede ser menor de lo previsto inicialmente, la quiebra del gigante inmobiliario podría ser una traba más para una recuperación más robusta a corto plazo de economías latinoamericanas como la de Brasil, que tienen a China como uno de sus principales socios comerciales.
Incluso, para no ir muy lejos, la crisis de Evergrande también le importa a la economía colombiana. Las relaciones comerciales entre ambos países nunca habían sido tan estrechas, por lo que un golpe a la economía china podría tener consecuencias en el país. Menor inversión extranjera, volatilidad de mercados y hasta devaluación son algunos de los efectos directos e indirectos que se temen.
El gigante inmobiliario lucha
En la actualidad, el valor de las acciones de Evergrande se ha desplomado en más de 88 % y la inmobiliaria sigue luchado por pagar a los tenedores de bonos e inversionistas. El grupo insiste en que podrá entregar decenas de miles de unidades en diciembre y pagar algo de sus deudas.
“Desde que empezaron los problemas de la empresa, entregamos menos de 10.000 unidades en septiembre, octubre y noviembre (…) Sólo quedan cinco días en este mes, debemos acelerar para asegurar la entrega de 39.000 unidades”, dijo el presidente Hui Ka Yan en una reunión este domingo. Según sus declaraciones, las casas nuevas están repartidas en 115 proyectos.
Casi el 92 % de los proyectos inmobiliarios de Evergrande se han reanudado hasta ahora, en comparación con casi el 50 % a principios de septiembre, según un comunicado de la empresa. El número de trabajadores que participan en las obras se que han reanudado ha aumentado 31 % desde septiembre, hasta los 89.000 empleados.
“Mientras hagamos un buen trabajo en la reanudación de las obras, la producción y la construcción, podremos entregar viviendas a los compradores, reanudar las ventas y las operaciones y pagar las deudas”, agregó Hui Ka Yan.
La reunión se celebró solo un día después de que el Banco Popular de China (Banco Central) declarase que protegería los derechos legales de los compradores de bienes inmobiliarios y que cubriría sus “necesidades razonables de vivienda”, al tiempo que prometía “fomentar el desarrollo saludable del mercado inmobiliario”.
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Aunque desde las protestas de septiembre el grupo ha intentado vender bienes y reducir sus acciones en otras firmas y Hui ha pagado parte de las deudas con su cuantiosa fortuna personal, Evergrande ya incumplió con más de US$1.200 millones en diciembre. De hecho, a principios de este mes fue etiquetado oficialmente como moroso por primera vez, en el último hito de un drama financiero que probablemente culminará en una reestructuración masiva.
Además, este mes Fitch Ratings rebajó la calificación de Evergrande a “default restringido” por no haber realizado dos pagos de cupones, una medida que puede desencadenar incumplimientos cruzados de la deuda de US$19.200 millones del promotor. A esto se suma que ese mismo día Fitch otorgó la misma calificación a Kaisa Group Holdings, que no pagó un bono de 400 millones de dólares. Ambas empresas representan alrededor del 15 % de los bonos en dólares en circulación vendidos por inmobiliarias chinas.
También vale la pena recordar que Hui vendió US$1.200 millones en acciones a finales de noviembre, su primera desinversión desde que Evergrande salió a la bolsa en 2009. Y en el marco de su reestructuración, Evergrande creó un “comité de gestión de crisis” formado por siete miembros (dos ejecutivos del grupo y cinco responsables de entidades estatales).
De todas formas, a las obligaciones con los bancos, los proveedores y los inversionistas individuales en productos de gestión patrimonial, se suma que Evergrande tiene US$7.4000 millones en bonos locales y extraterritoriales que vencen en 2022. El martes tiene que hacer frente a unos US$255 millones en pagos de cupones de dos bonos en dólares (la mayor parte de sus bonos en dólares offshore se cotizan por debajo de los US$23 centavos).
Aunque los tenedores de bonos enfrentan fuertes recortes en una reestructuración que podría tardar meses o incluso años en resolverse, este último hito (moroso por primera vez) generó pocas señales de contagio financiero. Y esto se debe, en parte, a que los inversionistas llevaban meses anticipando un incumplimiento, pero también a la intensa actividad del Gobierno chino para amortiguar el golpe.
En el último mes, los responsables políticos redujeron los requisitos de reserva de los prestamistas, señalaron una flexibilización de las restricciones inmobiliarias e implementaron medidas para garantizar que los promotores con calificaciones más altas tengan acceso a financiamiento. También asumieron un papel de liderazgo en la reestructuración de Evergrande, nombrando a funcionarios de la provincia de origen del promotor para ayudar a supervisar el proceso.
Aunque es probable que esto ayude a evitar escenarios de pesadilla de un colapso incontrolado, las autoridades han dejado claro que no tienen intención de rescatar al imperio inmobiliario iniciado por el multimillonario Hui Ka Yan hace 25 años.
Wang Menghui, ministro de Vivienda y Desarrollo Urbano-Rural de China, dijo en una entrevista el fin de semana con la televisión estatal que el Gobierno hará esfuerzos para estabilizar los precios del suelo y las viviendas y garantizar una demanda razonable; pero también enfatizó que la política de vivienda no se utilizará como estímulo económico a corto plazo.
Los tenedores de bonos de Evergrande, entre los que se encuentra Marathon Asset Management, han manifestado que esperan que los acreedores extranjeros se sitúen al final de la fila para el pago. La principal motivación del Gobierno chino generalmente es mantener la estabilidad social, que en este caso significa dar prioridad a los propietarios de viviendas, a los empleados y a los inversionistas individuales en productos de gestión patrimonial.
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Pero hay otra gran duda: ¿las medidas son suficientes?. La economía de China sufrió un golpe en noviembre por la caída del mercado inmobiliario y los brotes esporádicos de COVID-19, lo que llevó a los economistas a advertir que las recientes medidas de relajación podrían no ser suficientes para estabilizar el crecimiento.
Tanto las ventas de propiedades residenciales como la superficie de nuevas viviendas iniciadas por los promotores inmobiliarios cayeron alrededor de un 20 % con respecto al año anterior, lo que redujo el ritmo del gasto de inversión global en la economía. Los datos ponen de manifiesto el desafío al que se enfrenta Pekín en su intento de estabilizar la segunda economía del mundo sin renunciar a su campaña de reducción del nivel de endeudamiento en el vasto sector inmobiliario.
En el tercer trimestre de 2021, la economía de China se paralizó. El peso acumulado de la caída de Evergrande, los repetidos bloqueos provocados por el COVID-19 y la escasez de energía redujeron el crecimiento económico anual al 0,8 %, muy por debajo del ritmo del 6 % al que el mundo se acostumbró.
Si bien la crisis energética debería disminuir en 2022, es posible que los otros dos problemas no. La estrategia de cero COVID-19 de Pekín podría significar bloqueos para contener la propagación de ómicron. Y con una demanda débil y una financiación limitada, la construcción de propiedades, que impulsa alrededor del 25 % de la economía de China, podría seguir cayendo. (Lea: Estos son algunos de los mayores riesgos económicos para 2022)
Mientras Evergrande lucha por salir de la crisis, la respuesta del Gobierno de China es nula para salvar al gigante inmobiliario y pareciera débil para proteger la economía. Los próximos meses serán cruciales en la carrera contra el tiempo que emprendió la firma para entregar casas y bajar sus deudas.