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Las redes sociales fueron decisivas hace cuatro años en la elección de Trump. Ahora también lo serán en su eventual derrota. Esta vez Facebook, Twitter y YouTube tomaron varias medidas para evitar que la campaña fuera manipulada y contaminada, como sucedió en 2016 en contra de la candidatura de Hillary Clinton.
Ese favor a la democracia fue posible gracias a que las redes sociales dejaron de hacer lo que saben hacer. Tuvieron que “empeorar”, como bien lo describe el columnista Kevin Roose. No confiaron ciegamente en bots ni dejaron todo al vaivén de los algoritmos y la inteligencia artificial. Más bien empoderaron a su ejército de seres humanos que —con criterio e inmediatez—, suprimiendo contenidos aquí y allá, evitaron que fuera peor la polarización. Las redes advirtieron sobre los mensajes de usuarios que falsamente atribuían la victoria anticipada a uno u otro candidato. No se apresuraron a anunciar tal o cual ganador y respetaron el rol de consolidar resultados electorales que por décadas ha tenido The Associated Press.
Si el comportamiento de las redes sociales fue decisivo en los días siguientes a la votación, lo será mucho más en las próximas semanas cuando, en medio de disputas judiciales, se pondrá a prueba la cohesión de la nación estadounidense, como no había sucedido en su historia, tal vez desde la Guerra de Secesión.
Esta buena noticia no hubiera sido posible sin la combinación de varios factores en los últimos años: la presión de la sociedad civil y la academia, la rebelión de los anunciantes contra los contenidos de odio y desinformación y el proceso que inició un subcomité de la Cámara de Representantes contra las Big Tech. Sin embargo, lo decisivo fue lo que las redes sociales hicieron por su propia voluntad, lo cual deja dos mensajes: estamos a merced del gobierno corporativo de las empresas, y los legisladores y reguladores están lejos de acertar en cómo controlar a esos gigantes.
Más allá de las elecciones de 2020 en Estados Unidos y el remordimiento de lo que sucedió en 2016, las redes sociales deberían utilizar sus herramientas de cautela en otros países. Ya se demostró que es posible técnica y jurídicamente.
@jcgomez_j