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¿De dónde viene tanta indignación en el Gobierno?

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Quedé atónito, la verdad. No podía creerlo. El día que aterrizan en el país 50.000 dosis de vacunas, en el momento del triunfo de la administración de Iván Duque, en un paso importante para los colombianos… los asesores de comunicaciones de la Casa de Nariño se fueron incomprensiblemente a la guerra. ¿Cuál es la necesidad de vivir con rabia? ¿De qué le sirve al país que estén restregándole sus logros con mensajes que parecen sacados de un instagram de adolescentes?

Me explico. Hassan Nassar, el flamante consejero presidencial y otrora periodista, ha hecho su carrera a punta de la confrontación. Se le da bien. Puedo entender por qué una persona con ese perfil es de mucha utilidad para el presidente de la República, aunque deploro a nivel personal esa forma de hacer política. Dicho eso, los peores instintos de Nassar no deberían verse materializados en tiempos de celebración nacional, por más que sienta que es momento de hacer lo que mejor sabe hacer. Este es el tuit en cuestión, publicado en su cuenta junto con un video del descargue de las vacunas: “Que no habían contratos, que no hablaban inglés, que no llegarían, que son muy pocas, que esas no me gustan, que mejor la otra etc…”, escribió Nassar. “En todo el mundo hay gente cumpliendo metas y también hay fatalistas en el camino. Nunca dejes de cumplir una meta por un fatalista en el camino”.

Por supuesto, el tuit tiene un montón de interacciones. Debe estar sonriendo el asesor presidencial en este mundo donde los algoritmos nos esclavizaron y nos definieron qué es lo correcto y lo que no. Pero yo me pregunto: ¿qué gana con ese mensaje? ¿Qué utilidad le aporta al país? ¿Qué necesidad tiene de que ese sea el enfoque en un momento donde la unión debería ser la regla? Dejamos de tener una victoria para la dignidad de los colombianos a ver un triunfo para los egos del Gobierno. Así es muy mal. Ya imagino lo que pensarán en Palacio si leen esta carta. Pero yo voté por Iván Duque. Creo en su proyecto político. También me frustro constantemente por el pesimismo tóxico de la oposición. Pero hay que aprender a diferenciar espacios. No perdamos la elegancia.

Ramiro Benavides. Cúcuta.

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