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Volvimos a la triste realidad

Así es. El gran equipo del primer tiempo ante Bolivia, el sábado pasado, fue un simple utopía. Ante Venezuela la selección de Colombia volvió a su triste realidad. No jugó a nada, totalmente desordenada, sin norte, sin brújula. Y lo peor, claro, perdió.

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Las buenas individualidades que pesaron ante los bolivianos, fueron verdaderos fantasmas ante Venezuela. Terrible lo de Macnelly Torres, quien no condujo al equipo. La verdad es que casi ni se le vio. Y para olvidar también la noche de Radamel Falcao García, el gran líder del River Plate, pero siempre con saldo en rojo con la selección. Y Darwin Quintero, la máquina, lució falto de piernas y fue muy individualistas en las pocas ocasiones que el balón le llegó.

Pero la lista es larga. Igual pesó —y mucho— la expulsión de Abel Aguilar. El volante de marca se hizo sacar dos amarillas, tras sendas faltan innecesarias en la mitad de la cancha, y eso no sólo dejó mal parado al equipo nacional, sino que obligó al técnico Eduardo Lara a hacer variantes que al final nos salieron bastante caras.

Pero ya qué. Por más análisis y críticas que hagamos, lo cierto es que la selección, aunque duela mucho decirlo, debe pensar en despedirse. Aunque es cierto que las cuentas todavía dan, esta vez la realidad supera las matemáticas. ¿Con qué le vamos a ganar a Argentina y a Uruguay de visitantes? ¡Por Dios! No tenemos con qué.

Otro Mundial que tocó ver por televisión y sin el picantico que da tener a nuestro seleccionado.

¿O será que los milagros existen?

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