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Policía civil

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En los países con democracias avanzadas, la policía está separada del ejército, generalmente aquella está adscrita al ministerio de la política y éste al de defensa.

Los objetivos de estos cuerpos armados son diferentes. El ejército defiende al país de agresiones externas. En países con conflicto interno con grupos armados ilegales, le corresponde también al ejército su contención o su derrota. Por el contrario, la policía es un organismo de apoyo a la sociedad civil, de defensa de la vida y bienes del ciudadano. Debe enfrentar la delincuencia común no organizada, como bandas criminales con mando nacional o regional. Igualmente debe mantener la convivencia ciudadana y en ocasiones controlar actos de vandalismo o violencia. No es su función impedir la movilización ciudadana, cuando ésta se desarrolle pacíficamente, ni mucho menos agredir induciendo a los participantes a realizar actos que pongan en peligro los derechos de terceros.

En Colombia, la unidad entre el ejercito y la policía no ha sido una constante: antes del 9 de abril de 1948 la policía dependía del Ministerio de Gobierno y era una fuerza armada cívica. Su integración en el Ministerio de Guerra, hoy de Defensa, no ha sido acertada. Cuando el ejército se enfrenta en un combate, su contrincante es un “enemigo”. Por el contrario, si la policía debe actuar para controlar civiles, estos no son sus “enemigos”. La convivencia del ejército y la policía en nuestro país hace que por contagio en muchos casos ésta considere que se enfrenta a un “enemigo”. En muchos países las grandes movilizaciones ciudadanas contra el gobierno no implican ni muertos ni heridos; el gobierno no insulta a los participantes con epítetos como terroristas, enemigos del país y otras sandeces semejantes. Aquí el derecho de la movilización ciudadana parecería estar restringido y puede ser una causa de violencia y vandalismo.

Es posible la protesta pacífica, como ocurrió con las marchas estudiantiles hace dos años. En zonas del país en las cuales el gobierno ha brillado por su ausencia, ante la protesta ciudadana, la casi primera aparición del Estado es a través de unos personajes como de la película Robocop, llamados aquí fuerza Esmad.

La amalgama ejército-policía ha hecho que muchos pueblos alejados vean con desconfianza las estaciones de policía, ya que sus integrantes también combaten a la guerrilla y se convierten en objetivos militares. Hace algunos años, en el oriente antioqueño se llegó acuerdos con el Eln en el sentido de que estos insurgentes no atacarían a la policía si ésta no empleaba armas largas. El acuerdo funcionó durante un buen tiempo.

La Constitución otorga a los alcaldes la obligación de conservar el orden público y autoriza para ordenar a la policía las acciones para restaurarlo, y ésta debe responder con prontitud. No siempre esto se cumple, pues suele primar la línea de mando militar.

Es conveniente la propuesta del Gobierno de separar la Policía del Ejército. No necesariamente creando un nuevo ministerio, puede estar adscrita al del Interior. Esto permitirá disminuir la tendencia militarista creciente del país, que a medida que disminuye el número de guerrilleros aumenta el pie de fuerza, llegándose hoy a cerca del medio millón de efectivos, incluyendo a la policía, el mayor ejército de América Hispana, similar al de Brasil.

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