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El enfrentamiento se dio entre el bloque comunista de Corea del Norte y China contra Corea del Sur, EE.UU. y otros 15 países. EE.UU., gran triunfador de la Segunda Guerra Mundial, con los auspicios de la ONU expulsó a los comunistas y llegó hasta la frontera china, lo que llevó a Mao Tse Tung a invadir la península y regresar a los norteamericanos al paralelo 38. El armisticio estableció la frontera entre los dos países en el paralelo 38.
La guerra de Corea (1950-1953) marca uno de los conflictos más dolorosos ocurridos después de la Segunda Guerra Mundial, con aproximadamente tres millones de víctimas. Ante la imposibilidad de un tratado de paz, el posconflicto trajo como producto dos países: Corea del Sur, alineada con EE.UU. y sus aliados, y Corea del Norte, apoyada por la Unión Soviética y China.
Corea del Norte, un país de 120.540 km cuadrados y 24 millones de habitantes, convive desde entonces con un vecino muy bien equipado militarmente, fortalecido por las bases militares estadounidenses, cuyo contingente permanente es de 30.000 efectivos, aunque se incrementa en épocas de maniobras militares conjuntas, y cuyo arsenal “puede aproximarse a 55.000 ojivas nucleares”.
¿Qué hace de Corea del Norte una tierra tan perseguida? Constantemente se repudian sus experimentos nucleares, se la codifica como una amenaza mundial y se desconoce su derecho a la defensa. Deberíamos preguntarnos: a lo largo de su historia, ¿cuántos países ha invadido y cuántas bases militares tiene alrededor del mundo? La lucha en contra de Corea del Norte se convirtió en una estrategia por el honor, ya que desde su independencia en 1776 fue la primera vez que EE.UU. fue derrotado militarmente. No obstante, la actuación de EE.UU. en la península coreana reafirma su método de intervención: la fractura territorial.
Por otra parte, una posible invasión a Corea del Norte, debido a su posición geográfica privilegiada, facilitaría a EE.UU. concluir su círculo de cercamiento sobre China. La guerra mediática abierta y las constantes amenazas contra Pionyang no revelan solamente el descontento de Washington por la pobreza y el hambre internos, la resistencia que sobrevive a la caída del Muro de Berlín y el discurso bélico en la política externa norcoreana, sino su sueño del control marítimo del océano Pacífico.
* Beatriz Miranda