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Precisión informativa y corrección del español
Como lector y admirador de El Espectador recomiendo un necesario trabajo de mejoramiento continuo de las personas que escriben las noticias, con dedicación prioritaria a la precisión de la información y al buen uso del español.
Sobre la precisión, por ejemplo: cuando se refieren al Ministerio de Relaciones Exteriores y, en lugar de “ministra de Relaciones Exteriores”, escriben “canciller”, cargo que no existe en Colombia. Cuando escriben “parlamento”, que tampoco existe, para referirse al Congreso.
Sobre el buen español: cuando abusan de expresiones sin sentido, como “ahora bien” y “de hecho”. Cuando utilizan indebidamente términos como “obvio”, “obviamente”, “ridículo”, por influencia incorrecta del inglés.
Me beneficio en alto grado de la información del diario y disfruto especialmente a la mayoría de sus columnistas, algunos de ellos sobresalientes maestros del idioma español, que deben ser oportunas y excelentes referencias para los periodistas, que podrían escribir un poco mejor las noticias.
Reviso casi todo El Espectador, con preferencia por algunas secciones, la primera de ellas Opinión y, allí, su Redacción al Desnudo, por su disposición para encontrar los errores (son inevitables, no tienen antídoto, solo tratamiento sintomático, casi siempre extemporáneo y no hay analgésico eficaz para ellos), mostrarlos y corregirlos, con buen ánimo.
José Hernando Malaver P.
Sobre un editorial
Su férrea defensa de los Consejos de Juventud me deja sinsabores, aceptando que es una herramienta válida para acercar a los jóvenes a la escuela política dada su capacidad transformadora.
Pero cómo no calificar de decepcionante que solo el 10 % de los jóvenes —1′277.711— se hayan acercado a las urnas y cómo achacar su apatía y desgano por la política a la poca publicidad de las votaciones, al mes en que se realizaron y a la falta de jurados, entre otras disculpas.
Hay otras razones, ellas sí objetivas para la pereza electoral, y son la desconfianza en las instituciones y el sistema electoral. El DANE dice que únicamente tres de cada siete jóvenes creen que a los gobernantes les interesan sus opiniones y necesidades, y siete de cada diez desconfían de las elecciones.
Finalmente, no me cuadra, por perverso, intervenir la autonomía de votar con señuelos o trampitas, como la sugerencia de “atar” estas elecciones a otras o que tengan figuras importantes cuando el hartazgo por ellas es precisamente una de las causas para no asistir a las urnas.
Hernán Salazar Hurtado.
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