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¿Santos será capaz?

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No hay duda que las circunstancias que enfrenta el Presidente Santos y su gobierno son complejas y difíciles. Diálogos en La Habana con una guerrilla poco aconductada a los deseos del gobierno, dificultades para enganchar al ELN al proceso, marchas y paros en cascada sobre todo en el mundo rural por tierras, ambiente y contra la minería depredadora de las multinacionales. Muchos se mueven contra los efectos de los TLC y ante el incumplimiento del gobierno a recientes acuerdos.

Los paros en unas regiones el gobierno los considera manipulados por la insurgencia de las FARC-EP como el del Catatumbo, en otros casos señala la injerencia oportunista del Expresidente Uribe y amigos. Dificultades que subsisten con Venezuela y nuevas dificultades en relación con el espionaje que según Snowden, exagente de la CIA, le estaría haciendo Estados Unidos a Colombia. 

Ante estos hechos que se presentan en simultáneo, como una madeja enredada, es que se formula la pregunta: ¿El Presidente Santos será capaz de manejar la coyuntura sin sacrificar el trofeo de la paz ni el de su propia reelección?

En mi opinión el Presidente Santos no puede seguir vacilando y tratando de ganar con todas las cartas. Si quiere pasar a la historia como reformista y pacifista tiene que cambiar el manejo del tsunami de protestas que se está produciendo aprovechándolo para darle piso social a las reformas y a los diálogos de paz. 

Brasil es una lección: Lula ha asumido, en artículo publicado en el New York Times, que las protestas son posibles por los cambios que generó su gobierno, que está bien que la gente quiera ir más allá, que lo que piden los movilizados sirve a la profundización de la democracia, que su partido debe recuperar los vínculos con los movimientos sociales. Claro Brasil no tiene guerrillas, pero la línea que sugiere de abrirse a la comprensión de la protesta puede servir aquí en Colombia precisamente para mostrar y probar a las guerrillas que se puede avanzar socialmente sin tomar las armas. 

Si las protestas no fueran palmariamente justas, si lo que piden no se correspondiera con reclamos básicos de modernización y de justicia, si no fuera para alterar situaciones estructurales reconocidas por el propio Estado, Universidades y Organismos de Naciones Unidas, como indeseables e insostenibles – tal el caso de la tenencia, uso y abuso de la tierra y el territorio (PNUD, Informe de Desarrollo Humano 2010) – se aceptaría que el Presidente reaccione anunciando fuerza y no diálogo. No se puede a toda hora buscar un culpable o manipulador tras escena en lugar de analizar las raíces de los problemas que plantea la gente. 

Este diario ha hecho recomendaciones y sugerencias frente a las cuales no se sabe si el gobierno se ha tomado siquiera unos minutos para considerarlas: “El entendimiento, de nuevo, es la solución: del territorio, de lo que allí hacen sus pobladores, de las restricciones que se pasan por encima o de las soluciones que dan. Lo decíamos el sábado en este espacio (y aplica para las protestas venideras, también): es hora de que una comisión de académicos y sabedores locales propongan una visión y una forma de integración sostenible y digna para esa minoría de colombianos que ostentan la mayoría del territorio” (Editorial, lunes 15). 

Podría ser inclusive una Comisión de Mediación escogida por movilizados y gobierno la que busque puntos de encuentro sin maximalismos, con claras orientaciones para concertar cambios porque el país, la paz, la justicia necesitan y exigen cambios, cambios reales. ¿Será capaz el Presidente Santos de orientar así las cosas? 

lucho_sando@yahoo.es

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