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“Pensé que me estaba equivocando al no convocar presenciales”: presidente del Congreso

El senador Lidio García estuvo a punto de llamar a sesiones presenciales en el Senado, bajo un modelo de pico y placa parlamentario. Hoy cree que la mejor decisión ha sido mantener los debates de manera remota y que evitó que el recinto se convirtiera en un foco del nuevo coronavirus.

El senador planeaba viajar a Bogotá para continuar las sesiones de manera presencial. / Cortesía
El senador planeaba viajar a Bogotá para continuar las sesiones de manera presencial. / Cortesía
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En un cuarto en el que adaptó una especie de estudio de televisión, el presidente del Congreso, Lidio García, pasa la mayor parte del día desde que se iniciaron las sesiones remotas del Legislativo. Desde allí dirige las plenarias y atiende una apretada agenda que se inicia, dice, desde las seis de la mañana y se puede extender hasta el filo de la medianoche. Esas largas horas de trabajo le dan la base para decir que en medio de la pandemia el Congreso ha trabajado mucho más de lo normal.

Luego del contagio de un congresista y varios funcionarios de la Cámara de Representantes, asegura que tomó la decisión correcta al no convocar a presenciales, como lo consideró en algún momento, y comenta que muchos de sus más fuertes contradictores le agradecen la decisión. “Podemos decir que no permitimos que el Senado se convirtiera en foco de contagio en el país”, señala el congresista en entrevista con El Espectador.

¿Qué balance hace de un período sin precedentes en el Congreso?

Ha sido una experiencia enriquecedora que nos puso en alerta, obligándonos a adaptarnos a las dificultades que presentó la pandemia. El virus agarró con las manos abajo a los grandes científicos y a las potencias mundiales. El Congreso funciona con una ley de hace tantos años que no está ajustada a la tecnología, por eso tenemos que acoplar la Ley Quinta para sesionar de manera remota en momentos inesperados, no solo como los que vivimos, sino por un desastre natural o una guerra.

¿Cómo ha vivido la presidencia fuera del Capitolio?

Para mí no ha sido fácil, mucho menos terminar la presidencia detrás de un computador. Esto no lo ha vivido ningún presidente en 209 años del Congreso. Me tocó vivirlo a mí y lo que he hecho es tomar medidas responsables y juiciosas que han permitido no poner en riesgo la vida de ningún senador ni empleado. De haber tomado una decisión errada y se hubiese infectado alguien, estaría expuesto mañana a cualquier lío judicial, más cuando hay un decreto de emergencia que dice que no se pueden hacer reuniones de más de cincuenta personas. Hoy podemos decir que no permitimos que el Senado se convirtiera en foco de contagio.

Hace unas semanas tenía la idea de llegar en carro a Bogotá y sesionarde manera presencial. Con los contagios en la Cámara, ¿queda descartada esa opción?

Totalmente. En ese momento ya teníamos fecha, habíamos preparado protocolos de bioseguridad, dado indicaciones en secretarías, íbamos a hacer un pico y placa parlamentario, pero gracias a Dios no cometimos esa locura. Hubiese sido una experiencia nefasta para nosotros, nuestras familias y el país. El lío no es solo que se infecte un senador, sino a cuántas personas contagia después. Siempre pensé que me estaba equivocando al no convocar presenciales, pero por fortuna no fue así, fue lo correcto. Mire lo que pasó en Cámara, que hicieron sesiones semipresenciales y se contagiaron un representante y dos empleados. Tuve un asesoramiento con personas expertas que me ayudaron a tomar la decisión más sensata.

Es muy difícil desligar a la familia, porque se trabaja desde casa. ¿Qué le decía su esposa cuando tenía en mente llegar a Bogotá?

No solo fue mi esposa, sino mis hijos, mis padres, mis hermanos y amigos cercanos. Me decían que estaba poniendo en riesgo muchas cosas y que la vida estaba por encima de cualquier cargo. La responsabilidad en mi cargo es total. Yo busqué llegar a la presidencia del Senado, lo soñé tanto que siento que he hecho las cosas bien porque me preparé para desempeñarme de la mejor manera. Me tocó sortear una situación en la que siento que he tenido reconocimiento de mucha gente, incluso críticos que reclamaban las sesiones presenciales. El tiempo me dio la razón. El senador Gustavo Bolívar, por ejemplo, me daba durísimo y en la sesión del miércoles dijo que compartía mi postura y aceptó que estaban equivocados y que me respaldaba. En lo personal, vengo con un problema de salud desde hace tres años y no quería prestarles atención a las indicaciones médicas para cumplir con el trabajo.

Además, tocó adaptar el recinto del Senado a un cuarto en la casa…

Me tocó improvisar un estudio en la casa. Vivo metido en el computador y antes no manejaba muy bien el tema tecnológico. Ahora estoy hecho un experto. Desde que llegué al Congreso, hace catorce años, todo me lo hacían: las cartas, las conexiones a internet, las llamadas. Hoy he aprendido y recordado tantas cosas, porque ahora las funciones se deben hacer de forma individual. En medio de todo lo malo, ha sido una oportunidad de encontrarme conmigo mismo. He podido disfrutar más a mis hijos. Ellos se meten a saludar en medio de las sesiones cuando estoy en vivo y en directo. No les puedo decir que no porque casi nunca me tenían en casa, solo los domingos.

La gente critica al Congreso por la inasistencia y las sesiones remotas han logrado que sean masivas. ¿Cómo ha hecho esa división del trabajo con el espacio familiar?

Todo el mundo ha estado ocupado. Tengo ahora muchas horas más de trabajo. Yo no empiezo a las diez de la mañana con las sesiones, sino desde las seis de la mañana. Atiendo a medios de comunicación, reuniones con las secretarías, administrativos, equipos de asesores, presidentes de comisiones, Gobierno, sindicatos, sectores económicos; desde Avianca hasta el empresario más pequeño que quiere ser escuchado. El tiempo que queda libre es poco. Además, ha servido para que el Congreso trabaje más, así los críticos digan lo contrario. El Senado ha hecho un trabajo serio, enfrentando situaciones complicadas, jurídicamente hablando, sobre la constitucionalidad de todo lo que estamos haciendo, pero la última palabra la tiene la Corte Constitucional.

En estas últimas semanas hay que tramitar prioridades. ¿A qué le van a meter la ficha en el orden del día?

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Hay varios proyectos. La semana pasada votamos las objeciones del que crea el registro nacional de obras civiles inconclusas, estamos adelantando las conciliaciones pendientes. Está pendiente la Ley Jacobo, que es para garantizar servicios de salud oncopediátrica y se declare urgencia médica la atención integral a menores con cáncer.

¿Qué pasará con la cadena perpetua para violadores de menores?

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Ese proyecto es polémico y la pelota la tiene la Comisión Primera del Senado. La votación está bastante apretada, pero en plenaria estaremos esperando para darle trámite y debate. Pero también hay una cantidad de proyectos que debemos sacar adelante, como la Ley de habeas data, que está a punto de pasar a plenaria. El jueves discutimos el proyecto de pago a plazos justos, que consideramos importante porque en este país se ha favorecido mucho a las grandes empresas, y ese proyecto será oxígeno para las mipymes que tienen finanzas precarias, en estas está el 80 % del empleo en Colombia. Estoy comprometido públicamente para agendarlo entre los primeros puntos del orden del día en plenaria.

¿Habrá sesiones extras?

Es poco lo que hemos hablado sobre ese tema, pero bienvenidas. Lo que tenemos es tiempo para trabajar y ojalá nos pongan a trabajar desde el 20 de junio hasta que se elija la nueva mesa directiva. Hasta el momento no han dicho con claridad si habrá extraordinarias.

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