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La nueva guerra fría

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En 1989 la caída del Muro de Berlín fue anunciada por Estados Unidos en términos wilsonianos: el mundo caminaría hacia una comunidad de naciones, en donde el Estado de derecho y el derecho internacional primarían como vectores y la cooperación reemplazaría a la confrontación.

 Durante corto tiempo se creyó que en el nuevo orden mundial surgiría un mundo multilateral que expresaría un mayor equilibrio de poder y que la variable económica sería preponderante sobre la variable político-militar tan presente en los años de la Guerra Fría.

Pero en 1991, cuando Estados Unidos invadió por primera vez a Irak, esas ilusiones se esfumaron. La comunidad de naciones percibió en el carácter unilateral de la actuación de Estados Unidos, en aquel momento la superpotencia militar y política, fortalecida por la disolución de la Unión Soviética, uno de los cambios geopolíticos más significativos del siglo XX. Hoy, en pleno 2013, es el aeropuerto de Moscú, en donde se encuentra Edward Snowden, quien denunció el espionaje masivo de EE.UU., el que deja al descubierto los hilos conductores y los bastidores de una nueva guerra fría, ahora cibernética.

Desde el “competente” servicio de inteligencia europeo y del millonario servicio de inteligencia de Estados Unidos surge la versión de que el avión del presidente de Bolivia, Evo Morales, trae a Snowden a Suramérica. Ese hecho muestra la forma anacrónica como el Pentágono y el Departamento de Estado analizan y tratan a América Latina, convertida en un campo de batalla en defensa de su soberanía, con alineamientos y toma de posición, especialmente a partir del ofrecimiento del asilo humanitario por algunos países suramericanos.

Venezuela se dispone a afrontar lo que viene, en caso de que sus barriles de petróleo sean definitivamente sustituidos por los de algún país “amigo”. Por otra parte, nadie le pidió explicación a China sobre la salida de Snowden de su territorio y China habló poco y dijo todo: “Venezuela es el país más amigo de China en América Latina”. En otras palabras, detrás de una posible amenaza a Venezuela está el mayor acreedor de EE.UU. y el líder económico de los Brics.

Respaldado por algunos países europeos, Estados Unidos demostró su cambio estratégico en la nueva guerra fría: lidera, pero sus aliados actúan “libremente”. Mientras hacía la guerra en Irak, Rusia y China tocaron tierra en América Latina y llegaron para quedarse en su tradicional área de influencia. No se sabe si digitalmente, América Latina se convertirá en el escenario de la contienda de la nueva guerra fría.

*Beatriz Miranda Cortés

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