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La demanda de electricidad a nivel crecerá alrededor de 4 % anualmente hasta 2027, alcanzando cifras récord en medio de una expansión industrial y tecnológica que se expresará, especialmente, en países con economías en desarrollo y emergentes (como Colombia).
Hablar de una expansión anual de 4 % puede no sonar mucho, pero el porcentaje implica que, en términos prácticos, la demanda global de electricidad necesitará el consumo de un país como Japón para saciarse cada año, según las más recientes estimaciones de la Agencia Internacional de Energía (AIE).
De acuerdo con la Agencia, el creciente uso de aire acondicionado, el crecimiento en las actividades industriales, la electrificación del parque automotor a nivel global y la expansión en centros de datos (liderada por el auge de la inteligencia artificial, IA) son los motores del crecimiento en la demanda que se experimentará en el plazo más corto.
La mayoría de este apetito por más electricidad se concentrará, en 85 %, en economías no avanzadas.
Capítulo aparte en este asunto es el panorama de China, en donde la demanda creció 7 % sólo el año pasado y se mantendrá alrededor de 6 % hasta 2027, por encima del promedio global.
En este país, aparte de las industrias tradicionales, el principal impulso en el crecimiento de la demanda se da por vía de la fabricación de paneles solares, baterías para carros eléctricos y, en general, elementos de nuevas energías, si se quiere ver de esa forma.
Vale la pena mencionar que, en 2024, este país instaló capacidades récord de energías renovables el pasado año, según datos oficiales: añadió una capacidad instalada de alrededor de 277 gigavatios (GW) de energía solar, por encima de los 217 GW alcanzados en 2023. Igualmente expandió su capacidad eólica en unos 80 MW, también más que el año anterior (76 GW). Con esto, la capacidad instalada total de energía solar y eólica queda respectivamente en 887 GW y 521 GW, 15% por encima del objetivo de 1.200 GW fijado para 2030.
Con estos datos se tiene que China está instalando más capacidad de energía solar y eólica que el resto del mundo junto, e invirtió más de 50.000 millones de dólares en este ámbito de 2011 a 2022, según datos de la AIE. Pero, a la vez, este país es el mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero.
“A pesar de que las economías emergentes y en desarrollo serán los principales motores de la mayoría del crecimiento de la demanda en los años venideros, el consumo en general también se espera que crezca en las economías avanzadas. Esto después de un periodo de relativo estancamiento. Quienes hacen políticas públicas deben estar atentos a estas dinámicas cambiantes”, dijo Keisuke Sadamori, director de mercados y seguridad energética de la Agencia.
¿De dónde vendrá la nueva energía?
Con un crecimiento considerable, además de estable, es clave preguntarse cuáles serán las fuentes que aportarán la diferencia necesaria para suplir el apetito global por electricidad.
Los datos de la AIE sugieren que la expansión en fuentes renovables será suficiente para cubrir la creciente demanda que se verá en los próximos años. En esta ecuación juegan un papel clave fuentes como solar y nuclear, que ha recibido un respaldo importante por parte del sector de tecnología.
Recientemente, en EE.UU., Microsoft logró un acuerdo que pondrá en marcha de nuevo Thee Mile Island, una central nuclear que fue la sede del peor desastre en la industria atómica de ese país. Así mismo, hay presiones serias en Japón para que los reactores de ese país que están inactivos después de la catástrofe de Fukushima (desatada por un terremoto y consecuente tsunami en 2011) vuelvan a entrar en línea para alimentar la revolución que ha disparado la llamada inteligencia artificial generativa.
De acuerdo con la Agencia, en 2025, las fuentes renovables cubrirán más de un tercio del total de la demanda global por electricidad, sobrepasando por primera vez al carbón (usado en plantas térmicas).
En esta ecuación, la generación solar a través de paneles fotovoltaicos llegaría a cubrir la mitad del crecimiento en la demanda para 2027, un crecimiento en su proporción actual, que se encuentra alrededor de 40 %, según la AIE.
El crecimiento en estas fuentes podría reforzar la seguridad energética en un mundo en el que, como mostró 2024, los factores climáticos pusieron contra las cuerdas a países enteros, como Ecuador.
En Colombia la sequía del año pasado, derivada de un intenso fenómeno de El Niño, no terminó en racionamientos (por muy poco), pero sí en promedios históricos en generación térmica y en altos precios de la energía para todo tipo de consumidores. La electricidad fue uno de los motores de la inflación en 2024, que finalizó el año en 5,2 %.
Para algunos analistas es paradójico hablar de seguridad energética al tiempo que se habla de energía nuclear, pero el regreso de esta fuente de generación coincide no sólo con un crecimiento en la demanda, sino también con la necesidad de mantener a raya a las emisiones asociadas con la generación de electricidad.
Los cálculos de la AIE dan cuenta que las emisiones asociadas al sector eléctrico se mantendrán en niveles casi idénticos hasta 2027, con su punto más alto en ese año, cuando alcanzarían las 13.776 toneladas métricas.
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