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La Fiscalía no investigará el delito menor, haciendo referencia a que según la reforma sólo perseguirá la macrodelincuencia, es decir, quiere llegar a los cerebros de las organizaciones criminales para desmantelarlas.
El mal hay que erradicarlo totalmente, para evitar la recidivancia. Pero hay que tener en cuenta que la delincuencia es mutante, tiene esa capacidad de transformarse. ¿Qué pasa entonces con los que operan individualmente, que azotan a diario a colegiales, universitarios y personas vulnerables?, ¿harían de las suyas? La delincuencia común se desdoblaría para evitar la acción del Estado. Al no perseguir el delito menor, los índices de criminalidad se dispararían en el hurto de celulares, atracos callejeros, el cosquilleo y el hurto hormiga, donde por su simplicidad actúa un solo delincuente. Aquí en este planteamiento es necesario fortalecer el derecho de policía, dándoles herramientas a las autoridades para que de alguna forma estas conductas no queden en la impunidad, a través, puede ser, de la justicia restaurativa, evitando que todo se sancione con cárcel.
Es necesario llevar el delito menor a las descripciones de las contravenciones especiales del Código Nacional de Policía, para que de todas formas recaiga sobre el fenómeno el control social y correccional del Estado, mientras que la Fiscalía desmantela las grandes organizaciones.
Estas dos formas de aplicar justicia deben ir totalmente articuladas para que la reincidencia sea factor de sanción penal con pena privativa de la libertad.
Descongestionar los despachos judiciales es una buena forma de agilizar la aplicación de justicia, pero no puede ser a costa del ciudadano de a pie, al que le toca transitar por las calles oscuras, sin medios tecnológicos, despobladas y coger transporte colectivo, donde tiene que someterse a todas las penurias habidas y por haber.
Se necesita un análisis minucioso y detallado de cómo el Estado tiene que controlar el delito menor, sin que el único medio sea la judicialización, pero sí encontrando las herramientas y las soluciones precisas para controlarlo y reducirlo.
Édgar Bejarano. Bogotá.
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