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Luego de cinco grandes años al frente del Astana, equipo en el que se trepó en los podios del Giro de Italia y La Vuelta a España en 2018, se acabó el vínculo con Miguel Ángel López. El boyacense vestirá los colores del Movistar desde la próxima temporada.
Un fichaje de dos bandas: la compañía telefónica recuperará el terreno perdido en la región a nivel comercial con la salida de Nairo Quintana, pero al mismo tiempo dará un salto deportivo para pelear por las grandes carreras. Una certeza, mientras Enric Mas y Marc Soler sigue buscando su pico de forma.
¿La incógnita? López solo firmó contrato por un año. Tal vez será una temporada para medir la relación del boyacense con sus compañeros, con sus dirigentes y también evaluar sus resultados. Las cosas terminaron bastante tensas con Quintana. ¿Habrá química?
Esta será la sexta temporada de Superman en el World Tour, luego de superar sus peores fantasmas: las caídas.
Caerse está permitido, pero levantarse es una obligación. Esa es una de las premisas que definen a Miguel Ángel López, un escarabajo que tiene una hoja de vida cargada de contusiones, raspones y dientes rotos, pero que se ha graduado con honores de su maestría en hacer frente a los tropiezos. Y el título de la carrera más importante de ciclismo del país fue la ratificación de su carácter.
Todo empezó en 2016, cuando llegó a la Vuelta a España como una de las máximas promesas, pero una fuerte caída en la tercera jornada hizo que el cuerpo lo obligara a parar en el sexto día. Luego, una fractura de tibia y peroné hizo que se perdiera el arranque de la siguiente temporada. Trabajó fuerte y reapareció en el Tour de Suiza, pero un nuevo tropezón opacó el esfuerzo que había hecho en su recuperación. Llegar en plenitud física a la ronda ibérica fue su único objetivo de 2017. Los fantasmas de las caídas pusieron en duda su confianza y sus virtudes en el ciclismo. Y esa era una prueba de fuego en un equipo que lo arropó y respaldó en los momentos turbulentos. Entrenó en silencio y, pese al escepticismo de varios, brilló en carreteras españolas.
Empezó como un actor de reparto, pues el jefe de filas seleccionado por el Astana era el italiano Fabio Aru. En la primera semana se sacrificó y siguió al pie de la letra las instrucciones de su escuadra. Su papel fue ser el gregario. Pero la montaña lo puso en su sitio: ganó dos etapas, además de un segundo y un tercer puesto, credenciales suficientes para ser el mejor joven de la carrera y de la clasificación de la montaña. Despejó las dudas en sí mismo. El mundo se dio cuenta de que estaba hecho con la madera de los superdotados.
Algo que demostró en 2018 con sus podios en el Giro de Italia y la Vuelta a España. “Ahora toca ver qué me falta para subir esos dos escalones”, dice el oriundo de Pesca.
Fiel a su filosofía de no tener un libreto, Miguel Ángel espera seguir escribiendo su propia historia. Los instintos y su corazón seguirán siendo su pluma. Así, todo puede pasar.