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Los dos países más afectados por la poliomelitis en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), son Afganistán y Pakistán. Allí, desde hace varios años, se hacen fuertes campañas para lograr vacunar el mayor número de niños posible. Esta lucha, según agencias de Naciones Unidas, cuesta alrededor de 20 millones de dólares cada año y de acuerdo con funcionarios de salud, a pesar de los esfuerzos, en 2011 Pakistán tuvo 198 casos, seguido por Afganistán con 80 menores afectados.
La lucha podría empeorar este año, pues a la salud también la está afectando la guerra que se desarrolla actualmente en Waziristán del Sur, bastián talibán en la frontera norte de los dos países. Los talibanes anunciaron la prohibición de la vacunación contra esta enfermedad en las zonas tribales, lo que pone en riesgo a más de 250.000 niños. La poliomielitis causa parálisis motora y atrofia de los músculos, lo que a menudo deriva en discapacidad física o deformidad. Los talibanes piden a Estados Unidos que deje de bombardear con aviones no tripulados en la zona, ya “que matan muchos más niños que la polio”.
“Si EE.UU. y sus aliados son tan sinceros con los musulmanes y nos dan vacunas, ¿Porqué nos bombardean sin piedad?”, pregunta un panfleto repartido el pasado 15 de junio en varios puntos de Waziristán del Norte. En los últimos meses los bombardeos con drones (aviones no tripulados) se ha incrementado en esta zona y ha provocado un alto número de bajas.
Tanto las autoridades locales como las agencias internacionales están muy alarmadas por la iniciativa talibán de usar la vacunación contra la polio como parte de su guerra contra Occidente y las fuerzas de seguridad paquistaníes. «Es criminal privar a sus propios niños de protección contra una enfermedad contagiosa y tan grave como la polio. Es una cuestión de derechos humanos elementales», dice el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Pakistán, Guido Sabatinelli.
Los talibanes también acusan a los funcionarios de salud de ser espías internacionales. La idea se apoya en el caso del doctor Shakil Afridi, un médico condenado recientemente a 33 años de cárcel en Pakistán por ayudar a la CIA en la captura de Osama bin Laden, mediante una falsa campaña de vacunación que pretendía en realidad conseguir muestras de ADN.