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El Caminante

Diego y Armando y Maradona

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Fue Diego Armando y fue Maradona, y fue Maradona porque fue Diego Armando. Uno más el otro, no uno separado del otro. Fue Diego y Armando y Maradona porque fue barrio, villa miseria, pelota descascarada, naranja recién caída del naranjo, y fue perfume de naranjo en flor, para recordar a Homero Expósito, y fue sufrir, como en el tango, y fue barriada, compinchería, pandilla, truco, lodo, trampa, honestidad, grupo, equipo, viejos valores, derrota y victoria, premio y castigo, jamás crimen, y fue Diego Armando y Maradona por los consejos de su madre, doña Tota, y las reprimendas de don Diego, su padre, y luego por sus hijas y para sus hijas.

Fue Diego y Armando y Maradona y fue vicio y fue arte, y fue la constatación de que los vicios no invalidan una obra, la hacen, en muchos casos. Y fue lo imprevisible, y la afrenta y la eterna lucha contra los opresores, que en últimas, quedó visto, no pudieron ganarle la partida. Fue ángel y demonio, Diego y Armando y Maradona en uno solo, y fue ángel porque fue demonio, y demonio porque fue ángel, y esa conjunción, esa comunión y causa y efecto fueron imposibles de comprender para tantos simples mortales que lo dividieron en Diego y en Maradona para ensalzar al uno y condenar al otro, según las reglas, códigos y mandamientos de los simples mortales, o de algunos interesados en demonizarlo.

Fue la soberbia y la caída, y la resurrección y el pecado y la redención y el perdón, y la humildad y la arrogancia, y fue el orgullo en todas las acepciones de la palabra, porque sin orgullo, sin su orgullo, jamás habría podido ser ni Maradona ni Diego Armando ni Diego Maradona. Fue vida que regaló vida a borbotones, pues digan lo que quieran decir, su reinvención del fútbol, para citar a una amiga (Silvia Zapata), y sus frases y sus ocurrencias, fueron momentos coleccionados para millones y millones, y los momentos coleccionados son vida, y tal vez, el mayor de los sentidos de la vida. Fue llanto y sonrisa y una infinita serie de revanchas, algunas cobradas y otras por cobrar.

Fue incendio, humo, leña, agua y tizón, rezo e insulto, amigo de sus amigos y blanco de sus enemigos, y fue 10, en la cancha y en la vida e incluso en la muerte. Fue humano y demasiado humano, retomando a Nietzsche, y dejó su imagen convertida en leyenda de sur a norte y de oriente a occidente, más allá de todo bien y todo mal, y como decía Fito Páez en los 90, mire qué bien suena: Miguel Ángel, Gaudí, Stravinsky, Maradona.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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