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El internet parece hoy un privilegio y no un derecho. Es la forma más fácil de aislar a una población y de restringir muchas de las libertades que ofrece la web. Esto es lo que ocurre en Cachemira, donde los habitantes estuvieron cerca de seis meses sin ningún tipo de conexión. Ahora, el acceso es limitado y solo tienen a disposición cerca de 300 páginas web autorizadas, frente a lo cual se ha decidido por recurrir a métodos alternativos para conectarse, tal como se hace países como China o Cuba.
El Gobierno de la región publicó una «lista blanca» de 301 páginas web autorizadas el pasado 25 de enero y restableció únicamente las redes de internet 2G de baja velocidad, una medida presentada como un paso más para devolver la normalidad a la región. Pero las Redes Privadas Virtuales, mejor conocidas como VPN, servicios de pago para conectarse a servidores extranjeros para acceder a páginas web censuradas, se han convertido en la herramienta preferida de los más expertos en tecnología en el valle.
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Acceso a las redes sociales
«Mi hija universitaria ha instalado lo que llama VPN en mi teléfono móvil, lo que me deja entretenerme leyendo publicaciones en Facebook», explicó a Efe Ghulam Nabi, una comerciante que trabaja a las afueras de Srinagar, la capital de verano de la Cachemira india.
La mujer es consciente de que burlar la lista podría acarrearle problemas, y más desde que el Gobierno indio retiró por sorpresa el estatus especial de la región el pasado agosto e impuso restricciones sin precedentes, así como un bloqueo total de las telecomunicaciones. «Soy muy cuidadosa cuando publico o comento porque podría volverse contra mí», dijo Nabi.
Algunos cachemires, como el universitario Ashiq Ahmad Sidiquee, defienden el uso de estos sistemas como una herramienta para hacer oír sus voces al mundo tras meses de bloqueo total.
Shariq, otro estudiante, ve en esta tecnología como una apertura para protestar en medio de la ola de represión en Cachemira, donde siguen detenidos un número indeterminado de personas entre las que se cuentan antiguos jefes de gobierno de la región como Omar Abdullah y Mebooba Mufti.
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Actividades «antinacionales»
«Las autoridades están espantadas por el uso de las redes sociales a pesar de que han sido bloqueadas», afirmó a Efe un funcionario de la administración local que pidió el anonimato. El temor es que los cachemires acudan a internet para organizar supuestas «actividades antinacionales», es decir, protestas contra el control de la región por la India en un territorio que desde los años noventa es escenario de una insurgencia armada.
La India ha acusado también al vecino Pakistán, con quien ha librado dos guerras por el control de Cachemira, de calentar en las redes sociales el sentimiento separatista de los cachemires.
La fuente participó recientemente en una reunión entre oficiales de policía y expertos de las compañías de telecomunicaciones que operan en el valle en la que se hizo «hincapié en la necesidad de revisar el uso de las VPN».
Una fuente de la compañía estatal de telecomunicaciones Bharat Sanchar Nigam Limited (BSNL), que pidió el anonimato, afirmó a Efe que controlar el uso de estos sistemas es prácticamente imposible. «Hemos recibido presiones de las autoridades por el uso de VPN en la región pero, ¿cómo podemos verificar las innumerables aplicaciones extranjeras que se crean cada día?», explicó la fuente.
Acoso a las autoridades
Algunos cachemires, especialmente en el sur de la región, han denunciado que los soldados han llegado a arrebatar sus teléfonos o incluso a golpearles por utilizar VPN. «Fui retenido por personal del Ejército mientras viajaba a Pulwama -en el sur de Cachemira- (…) y me preguntaron si utilizaba un VPN», dijo a Efe el periodista televisivo Sanam Ajaz, que efectivamente usa un servicio de red privada virtual.
Según Ajaz, un miembro de las fuerzas de seguridad llegó a espetarle que estaba «utilizando internet con una VPN para difamar al país». Su caso no fue el único. «Cuando llegué a Pulwama, varios jóvenes me informaron de que sus teléfonos móviles fueron arrebatados y dañados por utilizar VPN», explicó.
Casos similares
Para nadie es un secreto la forma en que los gobiernos manejan el Internet. Lo administran muchas veces como quieren y hasta pueden llegar a espiar lo que hacen sus ciudadanos. En Sudán, por ejemplo, el servicio estuvo cortado durante 17 días en abril del año pasado, tras unas violentas manifestaciones. La junta militar en el poder suspendió el servicio horas después de los sangrientos hechos, bajo el pretexto de que «amenazaba la seguridad nacional».
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China, por su parte, es uno de los mejores ejemplos de la regulación que puede ejercer sobre sus ciudadanos. Si bien las personas también se mantienen conectadas permanentemente, solo se pueden consultar páginas y aplicaciones locales. Google, Facebook, Twitter y sitios web como el de la BBC están bloqueados por el gobierno del presidente Xi Jinping. Desde 1996, además, se aplicó lo que la organización Global Voices llama el “gran cortafuegos”, un filtro que impidió el ingreso de contenido “sensible” con corte político.
Aunque las aplicaciones y redes sociales occidentales no están disponibles, al menos en el territorio legal, los 800 millones de usuarios chinos cuentan con cientos de alternativas para realizar las mismas actividades. Es el caso de Baidu, un motor de búsqueda que reemplazó a Google en 2010, o Youku, que cumple la función de Youtube.
Otro país que durante mucho tiempo estuvo aislado de toda conexión a Internet es Cuba. En 2013 comenzaron a abrir “salas de navegación”, espacios dispuestos en la mayoría de ciudades cubanas para que los usuarios tuvieran acceso a internet con capacidades limitadas.
En 2015 se abrieron las primeras zonas con Wi-Fi en algunas plazas de las ciudades principales. Según Luis Orlando León, ciudadano cubano, “luego comenzó un lento avance de las primeras conexiones desde los hogares con la tecnología ADSL, que se ha visto detenido por la introducción, en diciembre de 2018, de la conexión por datos móviles de la tercera generación (3G)”.
Hasta hace poco la alternativa para poder consumir contenido era una memoria extraíble de un terabyte que circulaba entre las calles de las ciudades cubanas y que se llamaba el “paquete semanal”. Dentro, hay contenidos audiovisuales descargados de internet (educativos, comerciales, entretenimiento y más).