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Mientras se mira en el espejo, repasa el libreto. Es muy poco vanidosa, pero en este instrumento capaz de reflejar los defectos y virtudes físicas de una persona encontró a un cómplice maravilloso que le da clases de postura ante las cámaras, le enseña a modular y le muestra el camino óptimo para no ser algo distinto de lo que ella es: una profesional joven, risueña y carismática.
Siempre ha sido muy exigente con ella misma y hasta ahora está aprendiendo a conjugar el verbo “delegar”. Con este trabajo en televisión supo que la labor para que ella aparezca creíble, impecable y oportuna en las pantallas de millones de televisores, es colectiva y depende de camarógrafos, sonidistas, editores, productores y, por supuesto, de su espejo.
Lina Arbeláez comenzó en Telecafé haciendo el cubrimiento cultural en Quindío, Risaralda y Caldas. Después hizo sus prácticas profesionales en la unidad investigativa del noticiero del Canal Caracol, hasta que se enteró de la posibilidad de ser la cara amable de la sección Sala Múltiple. Realizó un casting y por fortuna para ella y para las manifestaciones culturales, fue escogida.
“Ser presentadora de cultura exige una preparación muy particular porque toca empaparse de lo que está sucediendo en ese campo. La cultura no es algo estático y por eso uno no puede permitir que los hechos le pasen por el lado, sino que es indispensable sumergirse en lo que está sucediendo”, comenta esta presentadora nacida en Armenia y para quien esta sección especializada debe ir mucho más allá de la simple mención de personajes y eventos para que la gente se haga su propia agenda.
Lleva un poco más de seis meses al frente de Sala Múltiple, pero este tiempo ha sido suficiente para descubrir que en todos los barrios de cualquier ciudad hay gente tratando de estimular la movida cultural. En Ciudad Bolívar, por ejemplo, Lina Arbeláez encontró que el hip hop y los grafitis forman parte de las nuevas manifestaciones de la cultura urbana.
El arte, con sus diferentes facetas, siempre ha estado en el abanico de prioridades de esta comunicadora social, quien confiesa que la pintura y la plástica son las áreas que más le han dado duro en su rol de presentadora.
“Cuando me veo en televisión siento que no soy yo. Mi mamá es mi mayor crítica pero a la vez es mi fan número uno. Cuando yo me veo me pongo un poco nerviosa y solamente al final de la información soy capaz de hacer un balance de lo que salió en cámara”, cuenta Lina, quien trabaja todo el día para poder sacar al aire tres minutos de información cultural diaria. Sin duda, a ella le gustaría que su sección apareciera en todas las emisiones del noticiero y que le dieran más tiempo al aire. Sabe que, por ahora, no se puede y por eso disfruta de su trabajo como una niña comiéndose un dulce… eso sí, frente al espejo para seguir aprendiendo.