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Los contenedores de basura se han convertido en una gigantesca incógnita en la ciudad. Mientras en algunos puntos se han convertido en grandes cestas de basura y escombros, en otras, como el centro y la localidad de Suba, han sido vandalizados o utilizados como barricadas en medio de enfrentamientos entre las autoridades y los encapuchados. Su fin era facilitar el trabajo de los recicladores, pero la falta de conciencia de su uso ha terminado generando el efecto contrario.
Con el cambio del esquema de aseo en Bogotá, en 2018, la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp) les dio la responsabilidad a los nuevos operadores de instalar 10.746 contenedores en quince localidades de la ciudad, priorizando las zonas donde se presentara la mayor acumulación de basuras en la calle. La tarea específica era instalar dos tipos de recipientes: uno con tapa negra, para los desechos o basura, y otro de tapa blanca para depositar el material reciclable.
De acuerdo con los operadores, su instalación se definió teniendo en cuenta varios aspectos como “la producción de residuos de la zona, la identificación de puntos de mayor acumulación y la capacidad de maniobra de los camiones”, indicó Julián Navarro, gerente de Bogotá Limpia. Asimismo, otras entidades como Promoambiental tuvieron en cuenta “el cableado eléctrico, las vías de acceso, las dinámicas de generación de residuos y la densidad poblacional”.
La instalación terminó el primer semestre de 2019, pero las críticas comenzaron a aflorar. Primero fueron algunos habitantes, que de inmediato expresaron su malestar al considerar que los contenedores no eran estéticos o que ocupaban gran parte de las aceras. Luego fueron los propios recicladores, que no solo advirtieron la dificultad que representaba acceder al material aprovechable, por el tamaño de las canecas, sino la falta de conciencia de los ciudadanos que, además de no separar los desechos, tampoco diferenciaban en cuál debían depositar la basura y en cuál lo aprovechable.
“La situación no ha cambiado y siempre se agrava. No se ha hecho nada para facilitar el retiro del material aprovechable de los contenedores. Los que tienen condiciones se meten y lo extraen, pero los que no solo pueden rescatar lo superficial”, dice Nohora Padilla, una de las líderes del gremio en Bogotá, quien agrega que no hay separación en la fuente y pocos han sido los lugares donde han llegado a acuerdos directos con las comunidades para obtener el material.
Al respecto, la Veeduría Distrital ha indicado que, si bien se cumplió con la meta de instalar todos los contenedores, lo que ha faltado es promoción y apropiación de la ciudadanía, al igual “que la implementación de estrategias efectivas y de largo plazo, más allá de los comparendos ambientales, para garantizar una correcta clasificación de residuos desde los hogares”.
Para Diego Rivera, investigador del Instituto de Estudios y Servicios Ambientales, de la Universidad Sergio Arboleda, todo se concentra en el modelo de reciclaje. En sintonía con la Veeduría, para él, el problema es que ha sido difícil “generar capacidades en la gente para separar el material en sus hogares” y el crear una cultura “en la que se priorice la necesidad de hacer que las personas entiendan la importancia de este proceso”.
En medio de este llamado de atención, los operadores insisten en que han puesto de su parte para mejorar el servicio. Promoambiental, por ejemplo, dice que se han reubicado algunos de los contenedores “debido a situaciones de seguridad e higiene generadas por habitantes de calle”. Además, que cambiaron de lugar los que se vieron afectados durante las manifestaciones del año pasado.
Otros como Área Limpia cuentan que han aumentado las frecuencias de mantenimiento de los recipientes, por petición de la Uaesp y la interventoría, donde se presenta la mayor acumulación de basura. Además, que han socializado con los recicladores las rutas de los carros recolectores para que previamente recojan el material aprovechable y han hecho reuniones con ellos para que identifiquen los lugares donde se instalarán los contenedores. A pesar de esto, para Padilla, no es suficiente pues insiste en la importancia de que el Distrito incentive más a los ciudadanos a reciclar en sus casas.
Luz Amanda Camacho, directora de la Uaesp, ha dicho que el tema ha sido un problema de cultura ciudadana, por lo que esperan comenzar trabajos con los recicladores en las próximas semanas. “Pensamos que las campañas funcionan, pero no hay apropiación. De hecho, cuando la gente se para frente a las canecas duda de en cuál debe echar los residuos, porque no está interiorizado el proceso. ¿Quién sabe más de reciclaje que los recicladores? Por eso buscamos que ellos enseñen, así todos aprendemos y el usuario deja de verlos como delincuentes. Sumado a esto, van a recibir ganancias económicas porque lo que se recicle va para el grupo que hizo el acompañamiento”.
Si bien, los contenedores ya hacen parte del paisaje de la ciudad y son susceptibles a cambios, el reto para el Distrito está claro: adelantar un trabajo de concientización, tanto con los recicladores para mejorar su labor, como con la ciudadanía, pues mientras se siga desconociendo su uso, continuarán siendo sencillamente grandes cestas de basura y escombros, o barricadas en medio de disturbios en la ciudad.