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Los anti-Petro

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El ser humano es un homo sapiens cargado de pasiones que se traducen en odios, envidias, murmuraciones, sufrimientos y deseos perversos, casi siempre heredados desde la propia cuna, que se van trasmitiendo de generación en generación.

No es casual entonces que existan personas que desde temprana edad comulguen con ideas conservadoras o liberales, insufladas por sus mayores, desde las generaciones que vivieron la Guerra de los Mil Días, durante las luchas intestinas de los obsoletos, caducos y recalcitrantes partidos tradicionales de Colombia.

Por eso dentro de este panorama de nuestra historia pasada y reciente, surgen personajes que, sumidos por el resentimiento que nos deja la violencia, bien sea de derecha ora de izquierda, saltan como fieras enjauladas para oponerse a cualquier pensamiento o ideal que traspasa las fronteras de su egoísmo político, impidiendo a todo precio que expresiones diferentes puedan gobernar los estamentos políticos de la República.

Desde tan malolientes entrañas emergen los que a mi juicio denomino los “anti-Petro”, todos aquellos que con su insolente amnesia olvidan que fue él quien denunció la corrupción que hedía al interior de la administración distrital que lo precedió, enfrentándose valerosamente al partido político alternativo y de izquierda para el que prestó sus servicios, el Polo Democrático, al punto que hubo de lanzar su propio movimiento, Progresistas, que de manera inteligente y coherente canalizó la inconformidad de los bogotanos y demás colombianos independientes, residentes en el Distrito Capital, que optaron libre y democráticamente en las urnas para elegirlo alcalde mayor de Bogotá.

Para nadie es un secreto que los enemigos de Gustavo Petro tienen nombre propio, que su labor de zapa viene de tiempo atrás, pues son los mismos que han hecho públicos sus odios viscerales y anteponen los intereses colectivos a los estrictamente personales, colocándole un palo a la rueda, haciendo lo imposible para que termine su gestión en la Alcaldía. Esperamos que la patraña de las firmas para su revocatoria naufrague y se deshaga en sus propias manos, pues no es precisamente la mayoría que lo eligió la misma que hoy quiere verlo lejos del poder, frustrando la posibilidad de que sus obras sociales en la salud y la educación, entre otras, tengan su verdadero sello progresista.

Orlando Morales. Bogotá.

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