Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Una versión más de Colombiamoda ha llegado a su final, 20 años han pasado desde su comienzo y la sensación es que los caprichos de la adolescencia se han superado, para dar paso a una joven adulta que puede mirar de frente y hasta coquetear con las semanas de la moda (fashion weeks) del calendario internacional. Algo grande está pasando, y no es una frase gratuita; el que asiste a la semana de la moda colombiana —en la que también se lleva a acabo el Latinoamerica Fashion— siente un remezón, porque con un pabellón dedicado a estand comerciales, una fortísima rueda de negocios y la asistencia de miles de visitantes y compradores nacionales e internacionales, se pone en evidencia la creciente industria que hay en el país. Pero además, con las exposiciones de los nuevos creadores, que se despliegan en centros comerciales de toda Medellín y a lo largo de toda la feria, y con cuatro días de pasarelas, se es testigo de los aires renovados, especializados y vanguardistas que soplan con fuerza en el diseño nacional. “El balance fue positivo en general. Se exploraron nuevos temas, como el ecotech, que es una tendencia mundial”, asegura Catherine Villota, crítica y veterana de la moda directora del portal web Fashion Radical News.
La semana empezó con la bienvenida a uno de los diseñadores más conceptuales y políticos de Latinoamérica, el brasileño Ronaldo Fraga. Sus vestidos negros bordados con calaveras del Día de los Muertos mexicano, sus pantalones anchos con interesantes reinterpretaciones de la artesanía textil colombiana, sus blusas de mangas que hacen pensar en las campesinas y sus estolas, una copia del papel picado que a lo largo de toda Latinoamérica se usa en las festividades populares, hicieron sentir que en la moda era posible hacer algo que en la política parece cada vez más imposible: entender una región como eso: como región, como bloque, en la que se piensa y se vive de una manera extraña pero muy parecida.
En el segundo día de desfiles, la cartagenera Beatriz Camacho durante la pasarela Cromos cosió telas pensando en pinturas, y con sedas que parecían haber mezclado lo mejor del color de Klimt y el caos y abigarramiento de Schiele, mostró su experticia en el uso del drapeado —una técnica que hace que la tela caiga y le dé ciertas ondas al diseño y que fue sin duda una de las protagonistas de la mayoría de las pasarelas—. En la noche y con las ventajas de un escenario natural como el Orquideorama, Isabel Henao tejió en su pasarela Esika un mundo de origami blanco, enorme, descrestante, en donde la música fue la gran compañera de sus vestidos tejidos, sus tules y velos corrugados siempre asimétricos y complejamente construidos. Isabel contó una historia con su ropa, una personal e íntima, y puso en evidencia que es hora de ver las pasarelas como un show en el que intervienen miles de detalles. “La puesta en escena, la música, la iluminación, el estilismo son elementos fundamentales, nos falta hacer más conciencia de que un desfile tiene que tener todos los elementos muy bien estructurados, y muy bien pensados, así que celebramos que haya pasarelas que hagan apuestas arriesgadas”, asegura por su parte Pilar Luna, editora de la revista Infashion.
Pero no sólo el juego de la elegancia y el glamur conquistaron las pasarelas, el sportwear también tuvo su lugar con desfiles como el de Divino, la marca del paisa Daniel Hoyos, que parece ser ya asistente fiel a los banquetes donde reina la belleza y el atrevimiento, y con el de Reebok, que en su primera incursión adoptó la fórmula más conveniente e hizo una alianza con el diseñador Carlos Valenzuela para que con encajes, taches, agujeros y una paleta de color atrevida le diera una nueva dimensión, más elegante, a sudaderas, buzos de capotas y tenis. También pusieron su puntico en el calendario de pasarelas de la moda las marcas Wrangle y Diesel.
Y es que la débil presencia de las marcas comerciales fue un aspecto muy criticado durante la Colombiamoda 2008, por eso fue notorio en esta versión el gran despliegue que se le dio a las marcas que participaron activamente en desfiles y en los estand. Sin embargo, en materia de propuestas parece que aún falta camino por andar. “Las marcas son necesarias, son el músculo financiero, pero creo que llegan a la feria, y sobre todo a las pasarelas, con una propuesta muy comercial. Les falta innovar, arriesgarse en una puesta en escena, al fin y al cabo ellos ya tienen una marca que se vende por sí sola, que está posicionada en el mercado, entonces por qué no aprovechar este espacio y no convertirlo en un mero catálogo en vivo”, cuestiona Catherine Villota.
El miércoles fue un día de sorpresas. La pasarela Fucsia, experta ya en traer a la escena nuevos talentos del diseño nacional (lo hizo con Adriana Santa Cruz y con Leal Daccarett), esta vez volvió a hacer gala de su buen ojo con el desfile de ONA, la marca de Juliana Correa. “Destaco el trabajo de ONA, que tiene una filosofía detrás, desde la producción textil, el estampado, la costura de cada prenda y la selección de los temas. En su pasarela retoma la labor minera, que es tan dura, y le rescata toda su belleza y pureza”, comenta Eva Medalla, de Chile.
El otro remezón vino de la pasarela de nuevo creadores Chocolyne, que con vestidos fantásticos, osados, de facturas complejas y buena selección de telas hicieron que el público y la prensa se desbordara en aplausos y hasta se pusieran de pie. Fue una evidencia real de que Colombia, sobre todo, se está convirtiendo en un verdadero laboratorio de moda, en donde no sólo se piensa en satín, vestidos de reinas y siluetas apretadísimas, sino que empieza a ser un país que de verdad se expresa a través del vestido. Una pasarela que hace pensar en la necesidad inminente de que estudiantes colombianos de diseño, política, economía, modas, artes y demás hagan presencia más masiva a esta feria.
El jueves, la última jornada de desfiles y cuando tuvo lugar por segunda vez el Latinoamerica Fashion (LAF), fue un día de pasarela de muy alto nivel, unas más propositivas que otras, pero todas de una factura impecable, de una juventud pasmosa y de una frescura latina necesaria. Da gusto ver que los diseñadores de este lado del Océano, como los mexicanos Julia y Renata y Trista, los argentinos Pablo Ramírez y Vero Ivaldi, la peruana Andrea Llosa, la dominicana Nicole Jiménez, y los colombianos Camilo Álvarez y Lina Cantillo, no están nadando, ni chapaleando con sus diseños para tratar de llegar a esa otra orilla del mundo que es Europa, sino que están, más bien, cosiendo desde las entrañas de su cultura, de sus referentes, de sus preguntas y consolidando un estilo propio que hace de verdad sentir que estamos asistiendo a uno de los momentos más determinantes del diseño regional. El LAF materializó en sus desfiles esa Latinoamérica que el mismo Ronaldo Fraga intuye en sus vestidos, una multipolar, que cose apasionadamente, de riqueza cultural inagotable y muy afectuosa.
Colombiamoda 2009 llegó a su final como una jovencita madura que empieza a encontrar la dirección de su vida, y que además encuentra que sus compañeros de ascensor, esos vecinos, comerciales, de frontera, también la acompañan por esta senda de hacer de la moda latinoamericana un vehículo efectivo de comunicación entre los pueblos.
Arte plasmado en muñecas robots
El arte también estuvo presente durante los desfiles de Colombiamoda 2009, bajo el lema ‘La moda se hace arte’. La diseñadora Isabel Henao presentó una colección inspirada en su pequeña hija. Pero esta vez la joven diseñadora no sólo recurrió a su ingenio, sino que trajo la creatividad de otra disciplina para complementar sus diseños. En la última parte de su desfile, tres modelos salieron jugando con unas muñecas de caras hermosas, arrastradas por un triciclo, que movían sus piernas y doblaban sus rodillas al son de la música. Las muñecas, creadas por la artista plástica Marcela Rodríguez, llevaban cada una un modelo de vestidos blancos de matrimonio que Isabel incluyó en su colección. Luego, como si el juego se convirtiera en realidad, aparecieron en la pasarela tres modelos que desfilaron los vestidos.