Publicidad

Cartas de los lectores

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Como todos los hechos de impacto para el país han sido abordados ampliamente por periodistas, escritores e intelectuales desde los más diversos ángulos, ello ha contribuido a que el ciudadano del común se forme un criterio.

Tal es el caso del Acuerdo Agrario, tema que ha generado toda una gama de reacciones que van desde el optimismo efusivo hasta el pesimismo enfermizo.

Por eso quiero destacar el excelente análisis de la académica Ana María Ibáñez publicado en la edición de El Espectador el pasado 3 de junio, por considerarlo, en primer lugar, muy bien fundamentado y, sobre todo, despojado de todo tinte partidista. Por el contrario, es una explicación del Acuerdo equilibrado en la medida en que combina el optimismo con la realidad de los retos que éstos, necesariamente, implican para sacar adelante el proyecto de paz.

El aspecto de la inequidad, y por ende de la pobreza, es ancestral y nos viene de vieja data con todas las características de los torpes modelos coloniales, pero esto tampoco es excusa para liberar de culpabilidad a gobiernos anteriores. Aunque contados con los dedos de una mano, algunos gobernantes sí se preocuparon por resolver el asunto de la tierra durante el siglo XX, pues veían llegar el problema que efectivamente llegó y con toda el peso de la violencia. Los terratenientes, muchos de ellos políticos en ejercicio pleno, impidieron con todo el poderío posible que la reforma agraria avanzara para crear verdaderas condiciones de desarrollo.

Ahora hay una oportunidad de oro para saldar cuentas. Ana María Ibáñez nos muestra un escenario objetivo, pero también nos transmite un optimismo sereno para saber, sin miedo pero con mucha responsabilidad, que los gobiernos central, departamentales y municipales tienen la urgencia de asumir el liderazgo que les corresponde; pocas excepciones lo han hecho. Tómense los planes de desarrollo del nivel nacional y regional a partir de 1970 y se observará que el fracaso radica en el escaso porcentaje de cumplimiento… Desde entonces también se han acumulado, y de qué manera y grado de complejidad, los problemas que hoy, con la búsqueda del fin del conflicto, se aspira a solucionar.

Todo lo que se haga por finalizar esta guerra lo agradecerán las generaciones del futuro. Contra viento y marea, esperar contra toda esperanza la paz debe ser el propósito de este gobierno y de todos los que vengan. Sin mezquindad.

Ana María Córdoba Barahona.

Pasto.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido