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“Una concertista afamada necesita para sus galas un vestido bello, cómodo, que se ajuste a las demandas que le requiere la ejecución de su instrumento o de su voz y que sea fácil de llevar”, comenta Ana Urrea, una diseñadora colombiana experta en estas materias. La creadora asegura que algunos músicos para evitar que sus vestidos queden refundidos en alguna maleta prefieren que incluso sus trajes tengan la capacidad de acoplarse a la caja en donde transportan su instrumento —al que no desamparan durante un largo viaje— y esperan que preferiblemente en ese noble intento no pierdan sus formas y no se arruguen en demasía. “Es por eso que son muy comunes en este tipo de vestidos los plisados y craquelados, que permiten que los artistas no se emboten en busca de una plancha”, comenta por su parte Ana Villegas, otra joven creadora que este año debuta con sus diseños para el Trío Colombita en el cuarto Cartagena Festival Internacional de Música.
Tantas características reunidas, todas en una sola prenda, hacen que el diseño de vestidos de gala para famosos violinistas y mezzosopranos reconocidas sea una experiencia exigente. Es por eso que durante estos días, Cartagena no sólo se convierte en el receptáculo privilegiado de maestros de la música, sino que se vuelve una verdadera pasarela en donde los artistas deslumbran con su elegancia, con guayaberas o con vestidos largos que con sus vuelos hacen eco en las telas de esos acordes que interpretan.
“El año pasado vestí por primera vez a la violinista colombiana Angélica Gámez y fue maravilloso descubrir cómo un vestido hacía que su interpretación se viera potenciada por la gala de su apariencia”, explica Ana Urrea, quien este año se ha lanzado a diseñar el vestido para la bella mezzosoprano polaca-canadiense Katarzyna Sadej, reconocida como uno de los nuevos talentos del canto lírico. “El vestido debe tener una funcionalidad, la artista hace unos ejercicios especiales antes de cantar, ella tiene que expandir mucho los pulmones y eso me exige diseñar algo que nunca la incomode, pero que a la vez resalte su esbelta figura”, añade Urrea, que prefirió los colores rojos y naranjas para potenciar los gestos delicados de esta artista que debutó con la Opera Lyra Ottawa en diciembre de 2005 en la obra Hansel y Gretel, de Humperdinck.
Los diseños de Ana Urrea fueron tan bien recibidos por Sadej que la violinista búlgara Bella Hristova, otra de las jóvenes superestrellas en el mundo de la música clásica que arribó a La Heroica, también hizo el pedido sobre medidas de algunos vestidos.
Ana Villegas, por su parte, se ha concentrado en llenar de glamour y traducir los acordes folclóricos del trío de tiple, guitarra y bandola Colombita en vestidos elegantes que le den a su presentación la altura de uno de los festivales de música más importantes de Latinoamérica. “Para las mujeres trabajamos en chifones y fajones con herrajes inspirados en las cenefas de las guitarras. Para el hombre guardamos la etiqueta: guayabera de manga larga y pantalón negro”.
Cuando el traje de los artistas está resuelto, a estas dos diseñadoras aún les queda tiempo para pensar en algunos buenos consejos para aquellos que van a deleitarse con el virtuosismo. A las mujeres les recomiendan los vestidos largos, para las galas más formales, y que no suban de la rodilla, para las que se realizan gratuitamente, las telas vaporosas, las joyas discretas y unas buenas sandalias son indispensables. Los hombres pueden ir siempre de la mano del lino, los pantalones claros, mocasines cafés o sandalias de cuero.