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La presunta muerte del segundo comandante de la red terrorista Al Qaida, Abu Yahya al-Libi, quien habría sido blanco de ataques con misiles lanzados por Estados Unidos en el norte de Pakistán, en los que también murieron 15 personas, es el resultado de la guerra contra el terrorismo comandada por Drones (aviones no tripulados) que el presidente Barack Obama decidió lanzar en las bases de la red terrorista en Yemen, Somalia y Pakistán.
Luego de la cantidad de muertes de soldados en Irak y Afganistán, Obama convirtió a los drones en el instrumento que le permite lanzar duros ataques contra Al Qaeda pero sin arriesgar soldados.
Según relata Daniel Klaidman en su libro Kill or Capture: The War on Terror and the Soul of the Obama Presidency, la idea del mandatario es evitar meterse en arriesgar más vidas en conflictos lejanos. Obama se opuso a la invasión de Irak y desde que llegó al poder prometió cerrar Guantánamo. Y es que ha sido gracias a los drones que Obama ha asestado los golpes más duros contra el terrorismo, como la muerte de Osama bin Laden en Pakistán, el primero de mayo de 2011. Incluso, Obama autorizó su uso durante el ataque que se llevó a cabo contra el régimen de Muamar Gadafi en Libia.
No solo eso, según la prensa estadounidense, Obama se ha encargado personalmente de coordinar los ataques y ha asestado duros golpes en Waziristán del Norte (frontera entre Pakistán y Afganistán) en donde se presume hay campos de entrenamiento terrorista. Según reportó The New York Times, Obama autoriza en persona quiénes serán los blancos de las acciones de los Predator y Reaper (aviones teledirigidos). Los ataques se han incrementado en abril y mayo y cada semana se celebra una reunión en la sala de crisis en donde se decide cuándo y dónde atacar. Los aviones robot son fabricados por General Atomics en California, van armados con misiles Helfire y con un moderno sistema de guía.
En los últimos días, más de 50 personas han muerto en estos ataques, incluidos varios civiles. Según relata el periódico estadounidense, “esta supone la mayor ofensiva aérea no tripulada por seres humanos jamás realizada en la historia militar: nunca tan pocos habían matado a tantos por control remoto”.
Estos aparatos fueron diseñados inicialmente para tareas de espionaje, pero después de los ataques del 11 de septiembre, fueron ganando terreno en operaciones antiterrorista. En 2008 comenzaron a actuar en las guerras de Irak y Afganistán. Luego se trasladaron a Pakistán y hoy actúan en Yemen y Somalia. Cada avión puede llegar a costar 13 millones de dólares y según cifras oficiales, el Pentágono ya cuenta con 19.000 de ellos. La CIA tendría su propia flota.