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En cosas íntimas como la soledad y los momentos en los que la amistad se pone a prueba es que el finlandés Tero Saarinen encontró la motivación y la inspiración para su primer trabajo como coreógrafo. Este bailarín, que ha recibido los más importantes reconocimientos de la danza en Europa, pues el International Movimientos le otorgó el premio de danza al Mejor artista masculino en 2004 y ha sido premiado por el Concejo Colonial de Artes de Finlandia en 1999 y 2004, año en el cual fue nombrado por el Ministro de Cultura de Francia como Caballero de las Artes y de las Letras, está ahora en el Festival Iberoamericano de Teatro con su obra Tres piezas. Saarinen habló con El Espectador de esta obra y de la danza en su vida.
Háblenos de ‘Triple Bill’, la obra que se presenta en Colombia.
Son tres trabajos diferentes que se organizan como un tríptico. La primera es una obra para tres hombres. Fue la primera creación para mi compañía en 1996; es sobre la amistad y lo absurdo de la vida, tiene algo de optimismo y humor. La motivación principal para hacer esta obra era mi urgencia de descubrir si quienes se dicen amigos lo son realmente cuando los necesitas o si al fin de cuentas todos piensan en sí mismos. En estas piezas se ve lo absurdo de la humanidad y de sus actividades. Me alegra que estas piezas hayan vivido una vida tan larga. Tiene 13 ó 14 años.
¿Cómo ha cambiado en estos años?
Estas danzas en particular, tan minimalistas, que tienen mucha repetición, no han cambiado mucho. Sin embargo, los nuevos bailarines siempre traen algo nuevo a la danza. Depende del ritmo y del tempo de los tres bailarines, depende también del ánimo del día.
En este trabajo se habla de la amistad y de sus decepciones, ¿cómo la danza contemporánea puede servir para expresar los sentimientos profundos siendo algo tan corporal?
Creo que la danza es una forma de poesía y cuando uno logra profundamente llegar a la esencia de la danza, como coreógrafo encuentra una urgencia tan profunda con su existencia que no se necesitan palabras. Esta expresividad está en nuestro ser corporal. Es muy natural para nosotros hablar a través de nuestro físico. La danza es mi lengua, es el vocabulario con el que me comunico.
¿Qué le enseñó la danza butoh?
Me dio el entendimiento de la Tierra y la convicción de que no hay movimientos feos o equivocados. Que hay mil formas de expresar los sentimientos y cualquier movimiento que venga de ahí resulta valioso y es correcto. Este aprendizaje fue muy importante, sobre todo después de la formación de ballet clásico.
Usted representa la danza contemporánea finlandesa. ¿Ha obtenido muchos premios y reconocimientos como bailarín?
En Finlandia hay distintos movimientos. No creo que yo sea el mayor representante de la danza en Finlandia. He participado en Europa porque me interesa mucho pisar otros escenarios. He trabajado mucho con los diseñadores artísticos de los espectáculos. Y ahora tengo un interés en otras formas de arte y esta necesidad de integrar otros medios en la obra. Quiero que mis montajes no se vean como una pieza de danza sino como un trabajo de arte.
La primera de las piezas, por la luz, es muy típica del norte de Europa, unos tonos muy azules…
Es la aurora boreal, tiene un look escandinavo, pero podría ser en un espacio sin tiempo. Una existencia muy poética. Pero podría ser también una firma nacional. De alguna manera los finlandeses somos muy sensibles sobre la luz porque vivimos bajo las luces artificiales la mayor parte del año y luego una sobre exposición de luz natural en el verano, de alguna manera nos afecta.
¿Cómo trabaja con la música?, ¿la usa para crear o primero hace los movimientos?
A veces puede ser el punto de partida, y es tan emocionante que me da muchas ideas. Así que la música es una parte muy esencial de mi trabajo en el proceso creativo. Por lo general uso músicos en vivo. Pero desafortunadamente para este viaje no fue posible.