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El complejo panorama de Correa

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Rafael Correa ha inaugurado una nueva forma de hacer política en Ecuador, con pros y contras, pero superando el fantasma de la inestabilidad que marcó el destino de sus antecesores.

Los activos socioeconómicos de su primer mandato, iniciado con la nueva Constitución de Montecristi de 2009, explicaron en su momento que hubiese ganado tan fácilmente las elecciones, sin enfrentar a un rival de su estatura política en la contienda.

Los riesgos son innumerables porque, en otros escenarios donde presidentes han gozado de dichos márgenes de popularidad, los regímenes tienden a tornarse autoritarios y se termina por confundir poder popular con la dictadura de una mayoría. Precisamente en ello radica la tentación que el gobierno de Rafael Correa pretende evitar en este nuevo mandato. Ahora bien, la ley de comunicación que restringe las actividades de los medios es sin duda una reforma que afectará la imagen de Ecuador al respecto. Paralelamente, la inspiración de dicha ley abre el debate sobre la responsabilidad social de los medios y, sobre todo, el control del Estado sobre éstos cuando están en manos de grupos privados. El episodio con el diario El Universo, a propósito de una columna en la que se tildaba a Correa de dictador y que derivó en un enfrentamiento jurídico, da cuenta de la distancia que separa al Ejecutivo de algunos medios. En consecuencia, un reto complejo consiste en no alterar el frágil equilibro, que aún mantiene el Estado de derecho en Ecuador.

A su vez, en el plano socioeconómico el presidente deberá continuar con un avance, hasta ahora frenético, de los programas sociales que condujeron a una reducción de la pobreza de alrededor de 10 puntos. Un activo protuberante y del mayor significado, en unos de los estados más desiguales y pobres de la región. No obstante y como ha ocurrido con otras economías dependientes de la renta petrolera, Correa deberá cuidarse de cambios drásticos en el plano internacional que puedan afectar al sistema financiero y económico. La peor crisis económica en la historia de Ecuador, ocurrida a finales del siglo pasado, tuvo su origen en volatilidades internacionales y en una catástrofe natural por el fenómeno de El Niño. De esa vulnerabilidad tendrá que protegerse en este nuevo mandato.

Finalmente, en política exterior Ecuador enfrenta dos retos inmediatos. El mantenimiento de la relación estable y amigable con Colombia, a pesar de lo que pueda ocurrir en las elecciones presidenciales de 2014. El pragmatismo de Correa ha sido benéfico para el esquema binacional, pero la eventual llegada del uribismo al poder en Colombia puede alterar el ambiente y revivir disputas dormidas en la armoniosa relación Correa-Santos. También deberá ser la cara visible de la nueva izquierda andina, que aún no sabe cómo interpretar ni la muerte de Chávez ni los sucesos actuales en Venezuela. Algunos esperan que Correa se convierta en el líder de la corriente. Este mandato demostrará si cuenta con la capacidad para traducir dicha expectativa en una realidad.

* Mauricio Jaramillo Jassir

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