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Siria, expulsada de Occidente

Alemania, Reino Unido y EE.UU., entre otros, sacaron a los embajadores sirios de su territorio. La ONU confirmó que la matanza de Hula fue responsabilidad de fuerzas oficialistas.

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Con la masacre de Hula, el gobierno sirio de Bashar al Asad perdió los arrestos de confianza que en él había depositado la comunidad internacional. El supuesto cese al fuego que había entrado en vigor desde el 12 abril, hasta ahora está lejos de cumplir con las expectativas.

Por aquel entonces, la ONU y la Liga Árabe, descartando la opción de una intervención militar extranjera para saldar la guerra, optaron, con el exsecretario general de Naciones Unidas Kofi Annan como mediador entre las partes, por dar marcha al plan: observadores en Siria se encargarían de corroborar la tregua armada entre las partes como un primer paso para abrir la posibilidad de tener negociaciones de paz. En su momento fue una suerte de voto de confianza que las potencias europeas y norteamericanas concedieron a Al Asad, después de duras críticas a sus métodos de represión contra una oposición potenciada y volcada en las calles.

No obstante, la lista de 108 muertos que dejó la ofensiva de las fuerzas oficialistas en Hula, alrededor de la mitad de ellos niños, fue un hecho que originó la visita urgente de Annan a Damasco y el rechazo unánime del Consejo de Seguridad de la ONU. Rupert Colville, portavoz del Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Derechos Humanos, aseguró en rueda de prensa que hay evidencia de que la gran mayoría de las víctimas de la masacre fueron ejecutadas por un escuadrón progubernamental. “En este momento parece que dispararon a familias enteras en sus casas”, aseguró el portavoz.

La reacción de Occidente a la matanza fue contundente: ayer los gobiernos de Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, España, Estados Unidos, Canadá y Australia expulsaron coordinadamente a los embajadores de Damasco en sus territorios, a la par que el opositor Consejo Nacional Sirio (CNS) pedía al Consejo de Seguridad de la ONU expedir una resolución que autorice el uso de la fuerza en contra de Bashar al Asad, a fin de establecer un gobierno democrático en el país.

El rechazo es generalizado en estas naciones. El canciller francés, Laurent Fabius, declaró que el presidente sirio “tiene que dejar el poder. Cuanto antes, mejor” y su homólogo alemán, Guido Westerwelle, dijo que los hechos de Hula van a “conllevar serias consecuencias políticas y diplomáticas”.

Al margen de las decisiones diplomáticas, Kofi Annan se reunió con Bachar Al Asad para exigir “pasos claros” para mantener en marcha el plan de paz aprobado. Desde el 12 de abril pasado a hoy, un período en el que ningún arma debía ser disparada, 1.800 muertos han engrosado la lista de víctimas fatales del conflicto, un listado que según la ONU ya alcanza los 13.000 fallecidos en 14 meses de revuelta.

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