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Matrimonio igualitario, consulta previa, impunidad

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¿Qué tienen en común el matrimonio igualitario para las parejas conformadas por homosexuales, la consulta previa a las comunidades étnicas y la impunidad penal para los guerrilleros en el proceso de paz? Que son preguntas a la cultura y problemas de la política.

En términos de modernidad cultural, el matrimonio igualitario es de lo más liberal que cabe imaginar, junto con la adopción de niños por parejas del mismo sexo y la eutanasia (aparte de la clonación de seres humanos), pero choca con las creencias religiosas de los colombianos, en general. “Dios ya legisló sobre estos asuntos. El Congreso no tiene competencia moral”.

Con la consulta previa se creó, vía sentencias, un nuevo “pueblo tribal” y se cambió el principio de representación democrático por uno étnico para millones de ciudadanos “negros” o “afros” (los indígenas son otra historia), en nombre de una cultura distinta de la moderna que ellos tendrían, según la Corte Constitucional. La consulta es insostenible como viene, pero el Congreso difícilmente podrá reorientar lo que la Corte, con ayuda, ha inventado.

La alternatividad penal es resistida ampliamente por los valores de una cultura política que censura el uso de la violencia en vez de las elecciones. Es un avance después de décadas de tolerancia con las guerrillas y los paramilitares, pero representa un duro escollo para desmovilizar a los guerrilleros. “El fin (la paz) no justifica los medios (la impunidad)”, en una versión problemática.

Estas tres “preguntas” a la cultura colombiana no tienen todavía, hay que admitirlo, buenas respuestas desde el pensamiento de nuestra modernidad liberal, que es el llamado a sostener la igualdad, la autonomía del individuo, el progreso cultural y material, y la civilización política basada en la democracia en medio de las turbulencias propias de una sociedad.

Se necesita una respuesta más elaborada y sensible con las preocupaciones de la mayoría y de otras corrientes de pensamiento que el simple “se trata de un derecho”, tan al uso, comenzando por los liberales de partido. Como reconocen los mexicanos en el dossier Autocrítica liberal de la revista Letras Libres, “en distintos momentos el liberalismo no ha sabido enfrentar temas como la pobreza, la religión, el racismo, el imperialismo, los medios de comunicación”.

Sin diálogo con la religión, el matrimonio igualitario (así sea civil) no logrará el espacio necesario en el tejido de valores y creencias. Sin entendimiento neutral del universo cultural de la población negra, los costos de transacción seguirán subiendo sin beneficios políticos, en un pésimo “acuerdo” para todos. Sin cuidar el principio civilizatorio de la no violencia política, la paz puede traer un retroceso cultural.

Ciertamente, se precisan operaciones discursivas finas para que la conciencia de la modernidad liberal avance en estas situaciones adversas de comienzos del siglo XXI.

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