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El calendario dice que faltan 37 días para el 1º de julio, día de las elecciones presidenciales en México. Las encuestas dicen que si el rumbo de las campañas continúa como hasta ahora, difícilmente algún candidato podrá arrebatarle la victoria a Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Las noticias dicen lo mismo, pero desde hace dos semanas un creciente grupo de ‘enojados’, principalmente jóvenes estudiantes universitarios, hacen lo posible para que eso no ocurra.
Algunos medios de prensa se han referido a este movimiento como la ‘Primavera Mexicana’, emulando los movimientos sociales que despertaron en el mundo árabe hace año y medio. Otros hacen comparaciones con la aparición de los Indignados de España. Su última protesta tuvo lugar el miércoles en el Distrito Federal. Miles de jóvenes salieron a marchar por el paseo de Reforma para sentar su voz contra la manipulación informativa de los medios de comunicación, algunos gritándole directamente a Televisa, la cadena más grande de México.
La historia comenzó el 11 de mayo pasado, cuando Peña Nieto visitó la Universidad Iberoamericana como parte de su campaña. Los estudiantes que entraron al recinto para escucharlo reprocharon su gestión como exgobernador del estado de México y lo increparon con gritos de “asesino”, hasta que tuvo que abandonar las instalaciones. El PRI acusó a los estudiantes de tener infiltrados con malas intenciones, una versión que posteriormente fue avalada por Televisa, tildada de estar a favor del partido.
La reacción de los estudiantes fue inmediata, expresaron su descontento a través de las redes sociales y publicaron un video en el que 131 jóvenes exhibían su carné universitario para desmentir las acusaciones de infiltración, para dar el nombre y la cara. Comenzaron a impulsar una suerte de campaña llamada ‘Yo soy 132’, que representaba una invitación para unirse a ellos, un mensaje que llegó rápidamente a varias de las universidades del Distrito Federal. El miércoles, más de 15.000 personas caminaron por el paseo de Reforma con pancartas y mensajes en contra de los noticieros y exigiendo que los debates de cara a la presidencia se lleven al cabo en los canales públicos y no en los privados que defienden sus intereses.
Están enojados por la violencia del crimen organizado que carcome al país, por la corrupción estatal y por la influencia de los partidos tradicionales. Aunque facciones del movimiento se declaran políticamente neutrales, otras arremeten directamente contra el nombre de Enrique Peña Nieto y señalan al PRI —partido que mantuvo el poder entre 1929 y 1989— por ser el germen del mal, ligando su pasado a la ilegalidad, a la represión y al asesinato de opositores. Que la población abra los ojos, que vean la historia, parece ser el llamado.
Las manifestaciones del ‘Yo soy 132’ piden en general transparencia en las elecciones, con votantes conscientes e informados. En su última marcha, los jóvenes contaron con la presencia de Javier Sicilia, el poeta convertido en activista de los derechos humanos desde que su hijo fue asesinado el año pasado. Al final, el escritor concluyó: “Ellos son los que están luchando por el presente, es la revuelta de la inteligencia frente a la barbarie. No son menores de edad. Son nuestros mayores de edad y están peleando por lo que nosotros les hemos quitado, su presente. Es una lección maravillosa y aquí estamos para apoyarlos”.
El crecimiento del grupo ha impresionado a la población, aunque por ahora resulte difícil de determinar qué tanta acogida despierta por fuera del Distrito Federal. No expresan simpatía por candidato alguno, ni por Manuel López Obrador, de izquierda, ni por la oficialista Josefina Vázquez Mota, que se ubican debajo por alrededor de 15 puntos porcentuales de Peña Nieto (aproximadamente 40% de aceptación), según diversos sondeos.
Si es posible que estos jóvenes puedan cambiar las tendencias actuales, es una pregunta que aún no tiene respuesta. El censo electoral dice que 24 millones de mexicanos menores de 29 años están habilitados para votar.