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Pasto, Nariño

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Entre 1978 y 1983 Evelio Rosero, el escritor de novelas notables como El lejero o Los ejércitos, escribió más de cuarenta cuentos cortos que publicó en decenas de periódicos colombianos.

Esos cuentos, recién revisados y reeditados por el sello Destiempo, entrañan, a mi manera de ver, la semilla de las novelas que, desde Juliana los mira, editada por Anagrama en 1984, Evelio ha publicado, a veces en silencio y a veces con gran éxito.

Este pasado martes tuve la fortuna de estar con él en Pasto, ciudad en la que vivió de los 8 a los 11 años y de donde proviene la estupenda geografía de algunas de sus novelas y cuentos. Evelio, algo emocionado, recordó que su padre, un ingeniero lector, siempre tuvo un rincón en su casa para una biblioteca. Su infancia transcurrió en el barrio Las Cuadras, un sector céntrico de la ciudad. Un día su padre le puso en las manos el Robinson Crusoe de Daniel Defoe, y ya nunca más dudó de lo que quería hacer. De hecho, es de aquella época su primer intento de escribir: inventó una trama en la cual el náufrago era él y su única compañía una niña del mismo barrio, que le encantaba. De las letras de Defoe y un puñado de clásicos, además de los paseos a San Pablo o Bombona, Evelio fue tomando arrestos para, diez años después, retirarse de la Universidad Externado y dedicarse por entero a su vocación. Son de esa época estos cuentos fantasmagóricos, breves, que tienen por supuesto influencia de escritores como Kafka o Cortázar. Los suyos son relatos que le tuercen el cuello al cisne a la narrativa tradicional y que sumergen al lector en una suerte de hipnosis en la cual se goza, no sólo con el maduro lenguaje, sino con sus imágenes tremendas que luego devendrán en piezas esenciales de sus novelas.

Haber estado en Pasto, oliendo el aire limpio de la ciudad a la cual le dedicó su más reciente novela, en medio de la Temporada de Letras, y poder hablar de estos cuentos con él, fue no sólo afortunado para mí sino que me hizo asistir a aquello que muchos escritores mencionan: el mundo de la infancia, de las cordilleras magníficas, de la niebla de la laguna de La Cocha, de los lapingachos fritos, de las picanterías, de una ciudad caótica en la cual aún se advierte una cierta belleza republicana y colonial, está en la mirada de Evelio Rosero. Su escritura se hizo aquí mucho antes de que él se abocara con seriedad a su profesión. Y regresar a su ciudad, para hablar de sus primeros cuentos, fue un viaje a la semilla.

34 cuentos cortos y un gatopájaro, Evelio Rosero, Destiempo.

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