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La guerra y la paz

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«¿Colombia quiere paz o guerra? ¡llegó el momento de decidir!”, recita un titular como si tratara de dos realidades irreconciliables, mutuamente excluyentes. Sin embargo, desde 1982 hasta hoy, todos los presidentes han hecho la “paz” con unos, mientras atacan a otros (e incluso a los mismos “unos”).

Betancur quiso la paz con las Farc y el M-19, y redactó la ley de amnistía mientras declaraba la “guerra sin cuartel” al narcotráfico (y autorizaba las primeras extradiciones a Estados Unidos). Barco introdujo la política de “mano tendida y pulso firme”: diálogo con quien se rinda, plomo para el que no. Gaviria negoció con el Epl y el Quintín Lame, pero declaró la guerra frontal a las Farc. Samper dialogó con el Eln y combatió a todos los demás. Y mientras Pastrana posaba de víctima asaltada en su buena fe por Marulanda, sellaba el Plan Colombia, la alianza militar con el gobierno Clinton para combatir guerrillas y narcotráfico.

Uribe se sentó a manteles con los paras, pero es bien conocida su obsesión por “acabar” con las guerrillas (con la plata negociada por Pastrana). Y Santos debate hoy con las Farc (debilitadas en ocho años de Uribe), a la vez que sigue combatiéndolas. A éstas y a otros, pues se habla hasta de bombardear a las bacrim. Luego en iniciativas de paz y guerra hay mucha más continuidad que la que suponen algunos entusiastas. Y lo que se logra, al contar la historia a partir de sus rupturas, como si este período presidencial fuese único en su enorme vocación pacífica, es que pensemos en términos electorales. Lo que se logra es hacer campaña.

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