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Desde hace dos años, la crisis en Siria ha concentrado la atención del mundo con justa causa. No obstante, el ataque militar por parte de Israel, apoyado por la Casa Blanca, pone en evidencia las contradicciones en las posiciones de algunos estados frente al régimen de Damasco. Al menos tres desaciertos frente a Siria son evidentes por la situación actual.
Después de la catastrófica intervención de Estados Unidos en Irak se produjo un consenso en el mundo sobre la inviabilidad e ilegitimidad de ataques de naturaleza preventiva. Dicho de otro modo, si bien un Estado tiene derecho a su defensa, ésta es válido siempre y cuando exista inminencia y no por mera sospecha. En el caso actual, Israel atacó a Siria sin que hubiese pruebas concretas de la inminencia de la amenaza de Damasco. La postura de la comunidad internacional de no condenar dicho ataque revela hasta qué punto algunos estados pueden darse el lujo de ignorar la legalidad internacional. El antecedente iraquí debía crear conciencia al respecto. Es más, Barack Obama siendo legislador se opuso a dicha intervención que menoscababa el derecho internacional. ¿Resultaría justificable que Irán hubiese atacado a Estados Unidos cuando John McCain, como candidato, contemplaba un ataque contra dicho régimen? La respuesta debe ser siempre la misma: si la amenaza no es inminente, la acción no se puede justificar.
A su vez, no existe claridad con respecto a la existencia de armas de destrucción masiva, concretamente de armas químicas. Primero se acusó al régimen de utilizarlas, luego a los rebeldes y, finalmente, la Comisión Internacional de Naciones Unidas para investigar la situación de derechos humanos en Siria dijo no tener pruebas suficientes de la utilización de dichas armas por ninguna de las partes. De nuevo se apela a la existencia de estas armas sin prueba de ello en Siria, con el objetivo de legalizar una intervención armada. Imprecisión que recuerda marzo de 2003, cuando por todos los medios se buscó convencer sobre la pertinencia de atacar a Irak.
Finalmente, el proyecto de paz presentado por el Gobierno fue descartado a pesar de la voluntad de Bashar al Asad de abandonar el poder luego de las próximas elecciones a realizarse en 2014. La respuesta del Ejército Sirio de Liberación consistió en condicionar cualquier avance de paz a la dimisión de Al Asad, reclamo apoyado por la comunidad internacional. La petición se aleja del realismo que deben demostrar combatientes que han ganado visibilidad, sin que necesariamente ello haya redundado en capacidad política.
Mientras la crisis se degrada a niveles inimaginables, la comunidad internacional contempla impasible un ataque que sólo empeorará la situación.
*Mauricio Jaramillo Jassir /Profesor U. del Rosario.