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Felicitaciones para Mauricio García Villegas. Su artículo “Alberto Rojas y Ciro Angarita”, publicado en la edición de ayer (sábado) de El Espectador, lo hubiera querido escribir yo.
Decepcionante la mediocridad que se ha empotrado en las llamadas altas cortes de Colombia. Cada vez es más bajo el nivel ético e intelectual de quienes, al cabo de múltiples y sucias y bajas maniobras, acceden a esas corporaciones. Para ese deterioro, no hay antídoto. Es una cultura. La cultura del arribismo. La cultura del atajo. Del cinismo. ¿Leyeron el comunicado de prensa que expidió la Corte Constitucional para anunciar la providencia sobre el cambio en la legislación pensional? Un verdadero galimatías. No lo entiende nadie. Lástima: los magistrados de hoy, quién lo creyera, son incapaces de redactar un párrafo de manera clara y distinta, como lo pedía Descartes.
María Claudette Chaverra.
Bogotá.
Labores de
la Personería
Es plausible el trabajo que viene realizando la Personería de Bogotá, en unión con el Gobierno Nacional, para implementar la “Ley de Víctimas y Tierras”, así como las gestiones en general como organismo de control en procura del respeto de los derechos humanos. Como habitante de Bogotá soy testigo de que las gestiones de la Personería, a cargo del Abogado Ricardo Cañón Prieto, se dirigen en esta precisa época a rescatar la confianza y credibilidad en esta entidad y es por lo tanto que sus labores también están enfocadas a la ayuda del ciudadano común y corriente y que éste, a su vez, cumpla con sus deberes y obligaciones ante las demás personas y entidades.
Según Cañón Prieto, “todo ser humano como individuo y parte de una sociedad tiene derechos y deberes y la Personería de Bogotá, en el marco de sus propósitos y objetivos, debe coadyuvar con el Gobierno Nacional y el Distrital para que éstos se cumplan”…
Jorge Enrique Giraldo. Bogotá.
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