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Madre Lauritis

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¿Qué le va a cambiar al país el hecho de tener una santa? ¿Es la solución a todos nuestros problemas?

Es inevitable que me haga este tipo de preguntas ahora que la ‘madrelauritis’ crónica se ha tomado al país y no hay lugar en donde no aparezca la santa de Jericó. 

Hace un par de días abrí una revista del corazón y, tras pasar las páginas con las extravagantes fotos de la casa de Julio Iglesias, apareció el reportaje ‘full color’ sobre la futura santa. Luego prendí el radio para escuchar noticias y me encontré con un teólogo hablando en italiano sobre el proceso de canonización de Laura Montoya. Puse un noticiero de televisión y el especial sobre las Misioneras de María Inmaculada (congregación fundada por la religiosa) duró casi veinte minutos. En conclusión, no pude escapar al santo manto de la aún hoy beata, es más, creo que estamos cerca del momento en que alguien descubra en la costra quemada de una arepa con queso la imagen de la Madre Laura.

Con semejante bombardeo, ¿por qué nos extraña la popularidad del discurso del procurador Ordóñez? ¿Qué de sorprendente tiene la posición de José Darío Salazar o Roberto Gerlein sobre el matrimonio igualitario o el aborto en casos excepcionales?

La Madre Lauritis es por un lado entretenimiento para un país ansioso de buenas noticias, pero sin duda cumple otro objetivo: servir de combustible para mantener con vida el fervor religioso en un territorio donde este se ha ido perdiendo poco a poco. Podemos decir que la estrategia del Vaticano es efectiva: un santo nacional cohesiona a las huestes católicas y pone a todo el mundo (creyentes y no creyentes) a hablar de lo metafísico, los milagros, los altares y la santidad.

Reconozco el talante eminentemente religioso de nuestro país y no voy a negar que el acontecer del santoral católico es, por ende, algo de interés general. Acepto que cada cual es libre de profesar su fe de la manera en que mejor le parezca. Sin embargo, me pregunto si esta excesiva difusión del evento colombo-católico del año no termina yendo en contravía de otros mensajes que hablan de respeto hacia el estado laico. ¿Está bien que una comitiva del Gobierno vaya a la ceremonia de canonización de una santa? ¿No va eso en contra del concepto de Estado desligado de la Iglesia? 

Ya no estamos en la época en que José Manuel Marroquín consagró a Colombia al Sagrado Corazón de Jesús para sellar la paz tras la guerra de los Mil Días. Pero nunca se sabe: mínimo ahora terminamos depositando el futuro del país en manos de nuestra nueva santa. Será que donde el Sagrado Corazón no pudo, ¿la Madre Laura sí?

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@colombiascopio

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