El carnaval del presidente brasileño

En su primer año de mandato, la popularidad de Jair Bolsonaro, de 64 años, está cayendo por polémicas medidas y declaraciones en Twitter. Así ha cambiado Brasil en 365 días.

01 de enero de 2020 – 09:00 p. m.

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El pasado jueves, en medio de una incapacidad médica por un golpe que sufrió en la cabeza y le hizo perder temporalmente la memoria, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, apareció haciendo fila en una casa de venta de lotería. El mandatario llegó a una tienda de Cruzeiro Velho, un popular barrio de Brasilia, y tras varios minutos de espera, compró dos billetes de la Mega Sena, cuyo premio mayor asciende a US$75 millones. Aunque el presidente no dijo qué números había elegido (debe acertar seis para ganar el premio mayor), sí confesó que no juega el número 13, que identifica al socialista Partido de los Trabajadores (PT), liderado por su mayor antagonista político, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, libre desde el 8 de noviembre.

Su reaparición en el escenario político brasileño preocupa a Bolsonaro, quien dio a su gabinete la orden de no comentar la salida del líder izquierdista; sin embargo, fue el propio Bolsonaro quien rompió la norma y en su cuenta de Twitter le dedicó este mensaje: “No le des municiones al canalla, que está momentáneamente libre pero lleno de culpa”. Lula le respondió diciendo que Brasil está gobernado por el paramilitarismo.

Desde ese momento se convirtió en el protagonista inevitable de una larga precampaña para volver al poder en 2022. Bolsonaro y Lula siguen polarizando a Brasil, aunque según analistas, menos que hace un año cuando Bolsonaro asumió la Presidencia. Entonces, el mandatario tenía el 49 % de aprobación, pero hoy los números apenas llegan al 30 %.

De acuerdo con la prensa, la caída de apoyo se debe a las realidades opuestas que vive la economía: por un lado hay una euforia del mercado financiero y un ligero crecimiento económico, pero de otra parte el mercado laboral no despega y las grandes ciudades del país se han llenado de trabajadores informales.

Los principales medios de comunicación señalan que Bolsonaro no ha cumplido ni el 20 % de las metas que prometió en campaña. Ha sido ampliamente criticado por su política internacional —dicen que está entregado a Donald Trump—. Hace poco firmó un polémico acuerdo con el gobierno de Estados Unidos para alquilarles la base aeroespacial de Alcántara, que tiene una ubicación clave en la región. Ese es el otro punto criticado de su gobierno: Brasil dejó de ser un referente diplomático y geopolítico, miembro de los BRICS, a un país que genera desconfianza en la comunidad internacional.

El aumento de la deforestación de la Amazonia y de los incendios forestales, el desmantelamiento de políticas ambientales y de fiscalización, y duros ataques a los ecologistas es el saldo ambiental del mandatario. Un recorte del 30 % en el presupuesto de universidades e institutos federales de enseñanza pública también lo han hecho merecedor de muchas críticas. Destaca la prensa, sin embargo, ha tenido algunos logros como la aprobación de la reforma de pensiones, la prima adicional en el programa Bolsa Familia y la puesta en marcha de un programa de privatización del transporte, así como el diseño de un paquete anticrimen, ideado por su ministro estrella: el criticado exjuez Sergio Moro.

El último día de 2019 defendió el decreto que firmó tan pronto asumió la jefatura de Estado y que facilitó el permiso para portar armas. “El número de armas de fuego registradas ha aumentado un 50 % este año en comparación con 2018”, anunció el mandatario. “Según los ‘especialistas’, el número de homicidios iba a aumentar en Brasil, pero, en la práctica, se ha reducido en un 22 %”, agregó. Bolsonaro y sus hijos nunca han ocultado su pasión por las armas de fuego, como muestran las fotos y los videos que suelen publicar en las redes sociales. El mandatario admitió en una entrevista al semanario Veja este mes que duerme con una pistola “siempre cerca”, incluso en la residencia oficial en Brasilia.

Son famosas sus salidas en falso, como aquella que protagonizó, después de una pelea monumental con el presidente Emmanuel Macron a raíz de los incendios en la Amazonia, cuando Bolsonaro se burló del aspecto físico de la esposa del francés.

La palabra “pene” genera una obsesión en el presidente brasileño, quien no desperdicia oportunidad de hablar de su tamaño. El 15 de mayo, un hombre al parecer asiático se acercó a Bolsonaro en el aeropuerto de Manaos. El extranjero dijo dos palabras: “Brasil” y “gostoso” (delicioso). Bolsonaro entonces le preguntó, mostrándole dos dedos de la mano: “¿Lo tienes todo pequeñito?”.

Después desató una polémica mayor cuando en pleno carnaval publicó en su Twitter un video de dos hombres realizando actos sexuales explícitos durante una fiesta callejera. “No me siento cómodo mostrando esto, pero tenemos que exponer la verdad para que la población tenga conocimiento y siempre tome sus prioridades”, dijo. Militares y seguidores más fieles criticaron la vulgaridad presidencial.

En medio de los gravísimos incendios en la Amazonia, en agosto, Alemania suspendió las ayudas económicas destinadas a proyectos de conservación y biodiversidad en la selva brasileña, y anunció que revisaría su participación en el Fondo Amazonia; entonces Bolsonaro respondió: “Me gustaría enviar un mensaje a la querida Angela Merkel: coge tu plata y reforesta Alemania. Lo necesitan más que aquí”.

A los pocos días el blanco de sus ataques fue Noruega, que anunció que congelaba su aportación anual de 30 millones de euros a dicho fondo a raíz de que el gobierno brasileño disolviera unilateralmente los organismos que gestionan este mecanismo de cooperación internacional. Bolsonaro le respondió en su cuenta de Twitter (acompañado de videos): “¿Noruega no es ese país que mata ballenas, allá arriba en el Polo Norte? ¿Que también explota ahí petróleo? No es en absoluto un ejemplo para nosotros. Que guarden su dinero y ayuden a Angela Merkel a reforestar Alemania”. El presidente fue blanco de burlas, pues no verificó que las imágenes que adjuntó no eran en Noruega.

La más reciente una crítica la disparó contra la activista sueca Greta Thunberg: “Es impresionante que la prensa le dé espacio a esa mocosa”, dijo.

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