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Pasado y presente

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Tres eventos de la semana pasada recuerdan cuán importante es revisar el pasado con el fin de entender el presente. Dos fueron eventos literarios.

Primero, la publicación de la decisiva historia del ascenso y declive del imperialismo estadounidense por el historiador Peter Kuznick y el cineasta Oliver Stone. Su Historia no contada de los EE.UU. revisa con lupa los rincones más oscuros de las últimas diecisiete administraciones de ese país.

Desde las guerras neocoloniales encubiertas en Latinoamérica hasta las más recientes intervenciones, incluida Venezuela, ambos autores preguntan qué tanto se ha alejado su patria de sus originales ideales democráticos.

Segundo, la próxima publicación de Modernidad cruel por la latinoamericanista Jean Franco. Su historia de la infamia contemporánea comienza con la masacre de 1937 en la frontera dominicano-haitiana. Ese episodio vincula el ascenso del imperialismo estadounidense con el impacto del hispanismo de los treinta entre nosotros, y la persistencia de formas de racismo y exclusión que luego van a conjugarse para justificar la violencia contra las disidencias políticas en la segunda mitad del siglo XX.

Tercero, la admisión de responsabilidad por parte del gobierno británico acerca de los crímenes cometidos durante la represión colonial en África. Al menos 10.000 de los hasta 300.000 prisioneros de los campos de concentración y tortura ingleses durante la lucha contrainsurgente contra los Mau Mau en los cincuenta podrían pedir compensación.

A estos episodios los conecta lo que Franco llama “crueldad moderna”. Su punto de origen parece haber sido la persistente violencia colonial en las Américas y en África.

El historiador Paul Preston demostró cómo la actitud de los oficiales africanistas del ejército español y los teóricos de la exterminación convergieron para hacer posible el holocausto español de la Guerra Civil. Es la misma actitud que demostraron el general Trujillo y sus teóricos para justificar la masacre de haitianos del 37.

En mi libro sobre los eventos de Chile en los tardíos setenta, que saldrá en septiembre próximo, intentaré mostrar cómo la misma actitud estuvo presente y determinó el curso de la historia latinoamericana.

Es la misma actitud que sigue determinando nuestras exageradas reacciones acerca de lo que sucede en Venezuela y, al tiempo, nuestra falta de reacción frente a la anulación de los juicios contra la dictadura guatemalteca y nuestra incapacidad para demandar que los responsables paguen.

Es el innegable peso del pasado en el presente.

* Óscar Guardiola-Rivera

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