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La rehabilitación de un campeón

El ciclista colombiano Mauricio Soler sufrió el pasado 16 de junio un accidente que lo dejó al borde de la muerte. Hoy su esposa comparte este milagro de Dios, tras docenas de operaciones y tratamientos.

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El jueves 16 de junio estaba en mi casa en Ramiriquí, junto con mi hijo Cachetes, de un año. Recibí una llamada de mi hermano, lo sentí nervioso. Me dijo que Mauricio se había retirado de la Vuelta a Suiza porque sufrió una caída. Me pareció normal, porque esos accidentes suelen ocurrir en el ciclismo. Pero él me insistió y exclamó: “fue muy grave, se lo llevaron en helicóptero”. Ahí sí me angustié.

Me aferré a mi hijo y lloré mucho. De inmediato le marqué al médico del equipo Movistar, Alfredo Zúñiga, y sus palabras sólo me llenaron de desconsuelo: “Lo siento, señora, pero Mauricio está muy mal, prácticamente está muerto. Sólo un milagro lo puede salvar”.

Destrozada, empecé a hacer los papeles para poder viajar a Suiza. Días después, cuando llegué al hospital, estaba conectado a mil cables, totalmente esquelético (bajó 20 kilos) y con un panorama desolador. Fue tal mi angustia y desconsuelo que decidí llevar un padre para administrarle los santos óleos y renovar nuestros votos matrimoniales.

Es que el dictamen médico no daba para pensar nada bueno. Decía tal cual: trauma craneoencefálico severo, fractura de la base del cráneo lado izquierdo, fractura de las costillas número dos a la nueve, fractura compuesta de clavícula y escápula, laceración del riñón izquierdo, fractura compuesta del cuello del pie izquierdo y fractura del malar y temporal del pómulo, también el izquierdo.

Mauricio fue inducido a un coma y luego vinieron decenas de operaciones. El 23 de junio, una vez más, fue intervenido del cuello del pie, y aunque fue un éxito, se le paralizó el lado izquierdo del cuerpo. Tras varios exámenes, los médicos determinaron que mi esposo tenía un trombo en la cava y que era necesario hacerle un bloqueo e instalarle un filtro a través de una incisión en el cuello. El 1º de julio fue la operación y el 2 él ya movía nuevamente su parte izquierda.

Varios días después, Mauricio fue trasladado al hospital de Pamplona (España) y allí recuperó sus sentidos y me reconoció. Fui muy feliz, sentí que había una luz al final del túnel. Luego le reconstruyeron el pómulo y el ojo izquierdos, pero lo peor estaba por venir. El 5 de octubre le sacaron el filtro. Fue la más dura experiencia, porque normalmente este procedimiento dura unos 40 minutos, pero con él pasaron más de tres horas y con anestesia local, porque el aparato se le pegó a la piel. Pasada esa dura experiencia, el 14 del mismo mes por fin le dieron de alta. Y desde entonces la pasamos acá en la casa, en Pamplona.

Todos los días nos levantamos temprano, escuchamos las noticias de Colombia por internet, desayunamos. Ya Mauricio se puede bañar solito, aunque debe tener mucho cuidado porque sufre de un fuerte vértigo y se puede caer. En las tardes vamos a rehabilitación, que consiste en hacer ejercicios en una bicicleta estática y luego en la piscina.

Digamos que lo más grave ya pasó. Después de que me dijeron los médicos que Mauricio estaba prácticamente muerto, pues lo que vivimos ahora es más tranquilo, es un milagro de Dios. Sin embargo, y no es que uno sea desgradecido, pero lo que nos preocupa ahora es el futuro. Hasta hoy es incierto. Lo que nos espera no es fácil. La realidad por la que pasamos es trámites y más trámites. Hay que aclarar que el equipo de Mauricio se ha portado a las mil maravillas. Ellos tienen asegurados a todos sus ciclistas y mi esposo en la actualidad es un ciudadano español, así que el gobierno responde por todo.

Lo que nos tocó hacer primero era convencerlos de que lo dejaran viajar a Colombia, porque a Mauricio, al estar amparado por el gobierno español, no le permitían hacerlo. Pero entendieron que por razones de tipo cultural y entorno familiar, lo mejor era regresar al país. Estamos pendientes de poder hacerlo entre el 20 y el 22 de diciembre. Es lo que más queremos, pues nuestro hijo, que sin duda es el motor de nuestras vidas, está en Colombia y desde el día del accidente de Mauricio no lo hemos podido ver.

Luego tocó buscar un lugar en Bogotá en el que cuiden a Mauricio y que fuera avalado aquí y ya llegamos a un acuerdo. Mi esposo llegará a la Clínica Universidad de la Sabana. En mayo del otro año tenemos que regresar a Pamplona para que lo evalúen los médicos de la aseguradora. Ese informe será enviado a un tribunal médico y será la Seguridad Social Española la que determine qué tipo de incapacidad tendrá mi esposo para el resto de la vida y con qué secuelas quedará, para otorgarle así una pensión vitalicia. La verdad es que uno de ilusiones no vive y si bien mi esposo ha sido muy juicioso con la plata, nosotros no somos millonarios y tenemos un hijo que sacar adelante.

¿Volverá Mauricio a correr? Esa es la pregunta del millón. Desde el corazón, ese es mi anhelo, pero desde la realidad tengo que decir que eso ahora es muy prematuro decirlo. Apenas lleva seis meses de recuperación y para un paciente que sufrió un trauma cerebral severo, pues no es fácil determinar qué problemas tenga en el futuro. Yo prefiero esperar a ver con qué nos sorprende el destino. Hoy está vivo y hay que agradecerle a Dios.

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