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Los mejores maestros critican la evaluación docente

Creen que la manera como el Mineducación está midiendo sus competencias ignora sus condiciones laborales y que sus salarios no deberían depender de un examen “tan incompleto”.

Del 14 al 17 de mayo, los maestros marcharon en todo el país para exigir otro sistema de evaluación. / El Espectador
Del 14 al 17 de mayo, los maestros marcharon en todo el país para exigir otro sistema de evaluación. / El Espectador

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El 14 de mayo el gremio de maestros salió a marchar, paralizó las clases por tres días, pidió mejores salarios y exigió modificaciones al sistema de evaluación con el que el Ministerio de Educación ha medido sus competencias. Desde hace cuatro años este examen de competencias pasó a ser el mecanismo para que los profesores progresen salarialmente.

Mientras la ministra de Educación, María Fernanda Campo, decía que la suspensión de este examen “no es negociable”, pues la evaluación es la piedra angular de la calidad de todo el sistema, los maestros insistían en que la metodología tiene fallas estructurales comprobadas por investigaciones académicas.

En resumen, dicen que las pruebas están mal diseñadas, pues en lugar de una retroalimentación seria reciben un dato numérico que no da lugar a la reflexión. Además, ese resultado determina su escalafón salarial: quienes superen el 80% del examen de 120 preguntas escalan, pero de los 66.500 maestros que presentaron la prueba en 2013 sólo 13.631 la aprobaron.

“¿Por qué una prueba tan seca determina mi sueldo? ¿Dónde quedan los resultados de los procesos pedagógicos que implemento en clase?”, se preguntan algunos de los mejores educadores del país.

Los rectores Aníbal Bubú Ramos y Jorge Torres, junto con los profesores Carlos Enrique Sánchez y Yesid Torres, fueron elegidos en los últimos dos años por la Fundación Compartir como los profesores más destacados de Colombia.

Cuando se les toca el tema de las evaluaciones coinciden en que nunca se negarían a recibir retroalimentación de su trabajo, pero insisten en que la evaluación no puede continuar con el enfoque que le ha dado el ministerio.

“Soy docente desde hace tres décadas. Antes no compartía las protestas contra la evaluación. Pero ahora que conozco las pruebas las veo como una manera de reprimir o estancar a un docente condicionado por un rubro presupuestal. Ese examen no está diseñado para ayudar a construir la calidad de la educación. Nunca le dicen al docente cuáles son sus deficiencias y los docentes que reprueban tampoco reciben capacitación para mejorar”, contesta el maestro Carlos Enrique Sánchez, premiado en 2011. El profesor santandereano habla desde Corea del Sur, hasta donde lo llevó el ministerio para contar cómo transformó la escuela en la que trabaja en el municipio de Contratación (Santander).

El mejor maestro de 2014, Yesid Torres, le suma otro punto a la discusión. Cree que las caras visibles de Fecode (el gremio de maestros) no están representando todos los intereses del magisterio. “Estoy de acuerdo con que esa evaluación es muy incompleta. La he presentado tres veces y en la primera saqué 100 puntos, en la segunda 83 y en la tercera 76, y nunca entendí qué estaba haciendo bien y qué comencé a hacer mal. Me quedé con los puntajes en la mano y sin ningún mensaje. Pero nuestros líderes están dejando de lado la discusión profunda por la calidad”.

Sin embargo, para Yesid Torres, el sentir de los maestros no puede ser sólo una discusión salarial: “Lo hemos visto en las últimas protestas. Se habla de dinero, pero no están hablando de avanzar en políticas educativas que mejoren las competencias de los maestros para que así mejore su ascenso en el escalafón. La calidad de la educación no sólo depende de una remuneración y el avance en el escalafón no puede ceñirse a un examen de competencias, debe incluir la percepción de los alumnos, de la comunidad y de los rectores sobre el desempeño pedagógico”.

En el mismo sentido habla Jorge Heriberto Torres Díaz, rector del Colegio Metropolitano de Soledad 2000, en Atlántico. Torres cree que una evaluación docente no debe ser cuantitativa, en función de cuánto se sabe y cuánto se debe ganar, sino en procesos cualitativos que midan aptitudes, compromiso, resultados académicos de calidad y experiencias significativas; no por el tiempo de servicio sino por los alcances y logros de sus alumnos.

“La idoneidad en el aula debe ser tenida en cuenta por una comisión de evaluadores de alto nivel que consulte a los alumnos, padres de familia y directivos”, dice. “El papel oculta muchas verdades; la esencia del maestro está en la evaluación vivencial directa”.

Para el indígena nasa Aníbal Bubú, rector del Instituto Departamental de Educación Básica Indígena Comunitaria de Florida (Valle del Cauca), esta evaluación “tajante” está dejando muchísimas cosas de lado.

“No se pueden medir con la misma vara los maestros de las ciudades, de instituciones privilegiadas, con los demás, con los que lidian con salones de pupitres desbaratados, tableros de tiza y paredes que no se pintan desde hace 15 años. En esas situaciones precarias es muy difícil ser creativo y estar actualizado. Estos profesores prácticamente viven en la escuela. No tienen cómo inscribirse a un programa formativo; tampoco les llegan opciones. La evaluación es importantísima, pero ojalá esas evaluaciones estrictas se las hicieran a maestros que han recibido una buena capacitación. La evaluación debe ser un armonizante que no riña con la situaciones precarias. Hay muchos maestros haciendo cosas excepcionales que quedan invisibilizadas detrás de un examen de conocimiento. Cuando de la evaluación depende el sueldo, la gente se acerca con temor a la prueba”.

Pero, más que hablar de evaluaciones, el rector Jorge Torres cree que los maestros tienen que hacer otra importante reflexión. “Muchos maestros que carecen de compromiso misional funcionan como empleados que cumplen con su trabajo por inercia, olvidando que su compromiso es el de transformar vidas. Asumen ser docentes más por necesidad que por responsabilidad social. Disminuir el discurso de la evaluación a la necesidad de pedir aumentos salariales es optar por una visión muy poco pedagógica y oportunista. Una visión que en nada ayuda al mejoramiento de la calidad educativa en un país que requiere cambios profundos para eliminar la brecha aberrante de la inequidad social”.

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acuevas@elespectador.com

@angelicamcuevas

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